Las noticias asustan, pero...
Las noticias asustan. Peculado en la Lotería; desfalco en el Banco Nacional. Déficit en el Seguro. Reportan que los que más roban luz se encuentran en Punta Paitilla, afectando con ello el aumento de la energía al resto de la población; hasta legisladores están en la trampa. Cableonda inicia la operación ROCA, en contra de los que se roban la señal de la televisión del cable.
Si miramos la concentración de Lexus, BMW y Mercedes que se dan en ciertos barrios de la ciudad, nos daremos cuenta de lo mal que hace su trabajo el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF), en sancionar ejemplarmente a quienes sin tener derecho a una exoneración de impuestos, han adquirido una de un legislador o un suplente por cinco mil dólares, hasta de un diplomático, y defraudan al Fisco por 30, 40 ó 50 mil dólares de impuestos que dejaron de pagar; lo peor de todo es que lo lucen por todas partes. Y este tipo de delitos, sí, así como se oye, delitos como el de piratería, robo o defraudación fiscal, no lo cometen los que viven en Samaria, ni en Torrijos Carter ni en la comarca Ngöbe Buglé.
Y si vamos a la calle, aunque en otro nivel, el asunto es igual. Te venden lotería de Miami al lado de un policía que ni sabe ni le interesa si lo que ocurre a su lado es un delito. Si se da por responsable, sabido y exige al infractor cumplir la ley, alguien le dice: "No seas tonto, quién te ha metido en eso, salte de allí".
Y si nos encontramos a alguien vendiendo ilícitamente discos compactos falsificados en algún semáforo, va a ocurrir lo mismo con el policía que dirige el tránsito. Mientras tanto, te siguen vendiendo chance casado, comidas a oficinas sin que tengan los permisos requeridos de Salud o te venden licor en cualquier parte, aún sin el permiso requerido de las alcaldías. Y qué decir los domingos y días de fiestas, por donde quiera la gente anda chupando en media calle, sin que nadie se les ocurra decirles nada. Estos, para diferenciarlo de los otros, quizás lo hacen por necesidad ante la disyuntiva que se le presenta, en una vida sin oportunidades, que tienen de robar o de llevar, a como de lugar, a su casa un par de dólares diarios.
Nunca olvidaré el cuento de aquel que tenía una conexión bruja de televisión por cable; se vanagloriaba con sus amigos de su delictiva hazaña, la cual por supuesto escuchaban sus empleados domésticos. Cuando uno de éstos le robó un reloj, lo llevó a la PTJ, exigiéndole prisión por el hecho cometido. ¿ Pero, quién de los dos era el que debía de estar preso?
Nos hemos convertido en una sociedad sin ley ni orden. Basta verlo cuando manejamos nuestro vehículo y procuramos conducirlo como Dios manda. En instante vemos cómo un taxi nos sobrepasa por donde no tiene derecho, o un desajustado nos empieza a sonar la bocina porque no hemos comenzado a andar cuando el semáforo esta todavía en rojo. Cuando en otras urbes más congestionadas que la nuestra es una especie de pecado el sonar la bocina, aquí lo hacemos como si fuéramos unos bebés con un objeto en la mano que entre más lo sonamos más nos sentimos felices.
¿Y qué decir del "diablo rojo" asesino, del conductor que le importa un pito el volarse la luz roja y del colegial que con su desordenado manejo destruye en el trayecto lo que al niño le enseñaron en la escuela?
Vivimos en una sociedad en donde las noticias asustan a diario. En donde la gente, según reciente encuesta, en su mayoría, está perdiendo la esperanza de poder convivir normalmente en espera de días mejores.
Las noticias no son buenas y nos asustan, pero en ocasiones, como ocurrió el pasado 14 de agosto, todos sentimos esperanzados al ver el éxito que lograron en sólo 48 horas las autoridades, Policía Nacional, PTJ, Ministerio Público, en la captura de quienes plagiaron a dos adolescentes. Es ese el país en el que todos aspiramos vivir; con un poquito de esfuerzo y la decisión, tanto de gobernados como de gobernantes, lo podemos lograr. Las noticias asustan, pero no debemos perder las esperanzas. Ojalá que eso lo entiendan quienes aspiran a gobernar nuestro país.
(gcochez@cableonda.net)
Del 2 de enero al 15 del mismo mes ocupó el cargo de presidente el Ing. José Ramón Guizado, a título de primer vicepresidente, quien en la última fecha fue separado del cargo y acusado de ser el autor intelectual del crimen por quien se decía su autor material, Rubén Miró Guardia. Guizado fue juzgado por la Asamblea, depuesto y condenado a pena de prisión, en circunstancias harto cuestionables, puesto que el autor material confeso fue juzgado posteriormente, entre 1955 y diciembre de 1957. Su juicio concluyó un año después de iniciado el siguiente período constitucional, y no fue hallado culpable por el jurado de conciencia, de manera que Guizado debió ser liberado.
Del 15 de enero de 1955 al 31 de septiembre de 1956 Ricardo Arias Espinosa ejerció la presidencia a título de segundo vicepresidente y contra toda expectativa dejó al país nacional e internacionalmente en condiciones de experimentar tres períodos presidenciales dentro del ordenamiento constitucional.
Estos quince años, sin embargo, no fueron estériles para el país. Panamá se benefició provisionalmente de la actividad económica asociada a la guerra. Pero quedó envuelto en un conflicto sobre la continuación, una vez terminada la guerra, de los sitios de defensa . La decisión en 1945 de preferir la Constituyente a la restauración plena de la Constitución de 1941 fue benéfica para el país.
Las elecciones para la Asamblea Constituyente fueron confiables; se nombró una comisión de primera línea que preparó el anteproyecto, se previó la inclusión de nueve constituyentes nacionales que le dieron calidad a las discusiones, y por la ley que convocó a la Constituyente se le permitió el voto a las mujeres en igualdad de condiciones que a los hombres. Esta Constituyente nos dejó una constitución a su manera y para su tiempo ejemplar.
(ariyan@sinfo.net)
Si miramos la concentración de Lexus, BMW y Mercedes que se dan en ciertos barrios de la ciudad, nos daremos cuenta de lo mal que hace su trabajo el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF), en sancionar ejemplarmente a quienes sin tener derecho a una exoneración de impuestos, han adquirido una de un legislador o un suplente por cinco mil dólares, hasta de un diplomático, y defraudan al Fisco por 30, 40 ó 50 mil dólares de impuestos que dejaron de pagar; lo peor de todo es que lo lucen por todas partes. Y este tipo de delitos, sí, así como se oye, delitos como el de piratería, robo o defraudación fiscal, no lo cometen los que viven en Samaria, ni en Torrijos Carter ni en la comarca Ngöbe Buglé.
Y si vamos a la calle, aunque en otro nivel, el asunto es igual. Te venden lotería de Miami al lado de un policía que ni sabe ni le interesa si lo que ocurre a su lado es un delito. Si se da por responsable, sabido y exige al infractor cumplir la ley, alguien le dice: "No seas tonto, quién te ha metido en eso, salte de allí".
Y si nos encontramos a alguien vendiendo ilícitamente discos compactos falsificados en algún semáforo, va a ocurrir lo mismo con el policía que dirige el tránsito. Mientras tanto, te siguen vendiendo chance casado, comidas a oficinas sin que tengan los permisos requeridos de Salud o te venden licor en cualquier parte, aún sin el permiso requerido de las alcaldías. Y qué decir los domingos y días de fiestas, por donde quiera la gente anda chupando en media calle, sin que nadie se les ocurra decirles nada. Estos, para diferenciarlo de los otros, quizás lo hacen por necesidad ante la disyuntiva que se le presenta, en una vida sin oportunidades, que tienen de robar o de llevar, a como de lugar, a su casa un par de dólares diarios.
Nunca olvidaré el cuento de aquel que tenía una conexión bruja de televisión por cable; se vanagloriaba con sus amigos de su delictiva hazaña, la cual por supuesto escuchaban sus empleados domésticos. Cuando uno de éstos le robó un reloj, lo llevó a la PTJ, exigiéndole prisión por el hecho cometido. ¿ Pero, quién de los dos era el que debía de estar preso?
Nos hemos convertido en una sociedad sin ley ni orden. Basta verlo cuando manejamos nuestro vehículo y procuramos conducirlo como Dios manda. En instante vemos cómo un taxi nos sobrepasa por donde no tiene derecho, o un desajustado nos empieza a sonar la bocina porque no hemos comenzado a andar cuando el semáforo esta todavía en rojo. Cuando en otras urbes más congestionadas que la nuestra es una especie de pecado el sonar la bocina, aquí lo hacemos como si fuéramos unos bebés con un objeto en la mano que entre más lo sonamos más nos sentimos felices.
¿Y qué decir del "diablo rojo" asesino, del conductor que le importa un pito el volarse la luz roja y del colegial que con su desordenado manejo destruye en el trayecto lo que al niño le enseñaron en la escuela?
Vivimos en una sociedad en donde las noticias asustan a diario. En donde la gente, según reciente encuesta, en su mayoría, está perdiendo la esperanza de poder convivir normalmente en espera de días mejores.
Las noticias no son buenas y nos asustan, pero en ocasiones, como ocurrió el pasado 14 de agosto, todos sentimos esperanzados al ver el éxito que lograron en sólo 48 horas las autoridades, Policía Nacional, PTJ, Ministerio Público, en la captura de quienes plagiaron a dos adolescentes. Es ese el país en el que todos aspiramos vivir; con un poquito de esfuerzo y la decisión, tanto de gobernados como de gobernantes, lo podemos lograr. Las noticias asustan, pero no debemos perder las esperanzas. Ojalá que eso lo entiendan quienes aspiran a gobernar nuestro país.
(gcochez@cableonda.net)
Del 2 de enero al 15 del mismo mes ocupó el cargo de presidente el Ing. José Ramón Guizado, a título de primer vicepresidente, quien en la última fecha fue separado del cargo y acusado de ser el autor intelectual del crimen por quien se decía su autor material, Rubén Miró Guardia. Guizado fue juzgado por la Asamblea, depuesto y condenado a pena de prisión, en circunstancias harto cuestionables, puesto que el autor material confeso fue juzgado posteriormente, entre 1955 y diciembre de 1957. Su juicio concluyó un año después de iniciado el siguiente período constitucional, y no fue hallado culpable por el jurado de conciencia, de manera que Guizado debió ser liberado.
Del 15 de enero de 1955 al 31 de septiembre de 1956 Ricardo Arias Espinosa ejerció la presidencia a título de segundo vicepresidente y contra toda expectativa dejó al país nacional e internacionalmente en condiciones de experimentar tres períodos presidenciales dentro del ordenamiento constitucional.
Estos quince años, sin embargo, no fueron estériles para el país. Panamá se benefició provisionalmente de la actividad económica asociada a la guerra. Pero quedó envuelto en un conflicto sobre la continuación, una vez terminada la guerra, de los sitios de defensa . La decisión en 1945 de preferir la Constituyente a la restauración plena de la Constitución de 1941 fue benéfica para el país.
Las elecciones para la Asamblea Constituyente fueron confiables; se nombró una comisión de primera línea que preparó el anteproyecto, se previó la inclusión de nueve constituyentes nacionales que le dieron calidad a las discusiones, y por la ley que convocó a la Constituyente se le permitió el voto a las mujeres en igualdad de condiciones que a los hombres. Esta Constituyente nos dejó una constitución a su manera y para su tiempo ejemplar.
(ariyan@sinfo.net)