Las nuevas relaciones Panamá-EEUU
Las recientes declaraciones del zar antidrogas de los Estados Unidos, general Barry McCaffrey, a nuestro corresponsal en Washington, Henry Raymont, y las reacciones del canciller panameño, Jorge E. Ritter, confirman que las fallidas negociaciones sobre el Centro Multilateral Antidrogas (CMA) permanecerán como piedra en el zapato en las futuras relaciones entre Panamá y los Estados Unidos.
Desde nuestra independencia en 1903, en la cual los Estados Unidos tuvieron una participación calificada por muchos como determinante, y la celebración de los Tratados del Canal del mismo año, el "Coloso del Norte" ha ejercido en Panamá una influencia excesiva sobre los asuntos internacionales. A través del agua potable y el alcantarillado y luego de su presencia militar en suelo panameño, los Estados Unidos han forzado a todos los gobernantes en nuestra historia republicana a hacer, en determinados momentos, algún tipo de pleitesía o concesión más allá de la que hubieran otorgado como resultado de relaciones y negociaciones diplomáticas tradicionales entre naciones que se respetan mutuamente.
Desde la firma de los Tratados del Canal de 1977, Panamá y Estados Unidos pudieron abrir un nuevo compás y conducir sus relaciones con madurez, respeto y beneficio mutuo. Desdichadamente, condiciones políticas internas durante los ochenta, en gran parte ocasionadas por los mismos Estados Unidos, impidieron por más de una década que se dieran las circunstancias propicias para tal giro en nuestras relaciones.
El regreso de la democracia, apresurado por una invasión militar norteamericana en 1989, hizo que en Panamá se abrieran las heridas de nuestra soberanía y orgullo nacional, llegándose a citar en ocasiones hasta el Incidente de la Tajada de Sandía de mediados del siglo pasado. Durante estos últimos diez años, salvo por la coordinación de la reversión de la antigua Zona del Canal y de la entrega de la administración del Canal, que por cierto han avanzado en silencio, sin tropiezos y con determinación, el asunto más importante en la mesa diplomática Panamá-EEUU fue el CMA.
El hecho de que, más de un año después del anuncio de cierre de negociaciones sobre el tema, funcionarios de los Estados Unidos de la jerarquía de McCaffrey estén revelando sus impresiones sobre el desenvolvimiento de las mismas nos obliga a concluir que al menos una de las partes está insatisfecha con la forma que la otra manejó los intercambios. Preocupa que esta percepción empañe la forma como se comenzarán a desarrollar las relaciones diplomáticas bilaterales con la salida de los militares norteamericanos y la entrega del Canal.
Desde nuestra independencia en 1903, en la cual los Estados Unidos tuvieron una participación calificada por muchos como determinante, y la celebración de los Tratados del Canal del mismo año, el "Coloso del Norte" ha ejercido en Panamá una influencia excesiva sobre los asuntos internacionales. A través del agua potable y el alcantarillado y luego de su presencia militar en suelo panameño, los Estados Unidos han forzado a todos los gobernantes en nuestra historia republicana a hacer, en determinados momentos, algún tipo de pleitesía o concesión más allá de la que hubieran otorgado como resultado de relaciones y negociaciones diplomáticas tradicionales entre naciones que se respetan mutuamente.
Desde la firma de los Tratados del Canal de 1977, Panamá y Estados Unidos pudieron abrir un nuevo compás y conducir sus relaciones con madurez, respeto y beneficio mutuo. Desdichadamente, condiciones políticas internas durante los ochenta, en gran parte ocasionadas por los mismos Estados Unidos, impidieron por más de una década que se dieran las circunstancias propicias para tal giro en nuestras relaciones.
El regreso de la democracia, apresurado por una invasión militar norteamericana en 1989, hizo que en Panamá se abrieran las heridas de nuestra soberanía y orgullo nacional, llegándose a citar en ocasiones hasta el Incidente de la Tajada de Sandía de mediados del siglo pasado. Durante estos últimos diez años, salvo por la coordinación de la reversión de la antigua Zona del Canal y de la entrega de la administración del Canal, que por cierto han avanzado en silencio, sin tropiezos y con determinación, el asunto más importante en la mesa diplomática Panamá-EEUU fue el CMA.
El hecho de que, más de un año después del anuncio de cierre de negociaciones sobre el tema, funcionarios de los Estados Unidos de la jerarquía de McCaffrey estén revelando sus impresiones sobre el desenvolvimiento de las mismas nos obliga a concluir que al menos una de las partes está insatisfecha con la forma que la otra manejó los intercambios. Preocupa que esta percepción empañe la forma como se comenzarán a desarrollar las relaciones diplomáticas bilaterales con la salida de los militares norteamericanos y la entrega del Canal.