Las pandillas, ¿responsabilidad de todos?
Enfocarse en un problema es la primera medida hacia su solución. Atribuir su atención a una generalidad podría ser una forma de evadirlo, y más aún, afectar los correctivos que reclama la sociedad. Tal es el caso del tema de las pandillas. Sus ilícitos dejan secuelas dolorosas entre la ciudadanía, y ya no se trata de qué porcentaje de la juventud está comprometida en estas fechorías, sino el daño cualitativo que hacen a la colectividad, el terror al que la someten, y las víctimas que dejan. Luego, la solución al problema debe tener al menos dos enfoques: el inmediato, que detenga las actividades de estos grupos, en cuya aplicación deben estar comprometidos los cuerpos policiales y de Seguridad del Estado, y el enfoque a largo plazo en los que pueden intervenir organismos especializados como el MIDES y otros. Pero sostener que el asunto es responsabilidad de todos es una manera de decirnos que no está cerca, ni por mucho ni por poco, la solución. La flexibilidad intelectual puede considerarse estratégicamente, pero no en lo inmediato. Si se sigue ese enfoque es posible que la ciudadanía no se entere de cuándo estos delincuentes hayan ocupado su casa, saqueado sus bienes y afectado a su familia. El tema de las pandillas es, primero, un asunto de las autoridades, luego de sus familias, y a largo plazo de aquellos correctivos que pueda aportarle el Estado, con el fin de crear atmósferas sanas y oportunidades para lo jóvenes, de manera que se impida que nuevos muchachos sean captados por esas bandas.