Las paradojas de Fujimori
Lima (AIPE)- En el Perú se ha levantado una ola de quejas y críticas contra el lanzamiento del presidente Fujimori a un tercer período. Es así a pesar de que durante sus 10 años de gobierno, Fujimori ha logrado ordenar económicamente al país, dando seguridad a la ciudadanía, mejorando el ambiente de inversiones y también la estructura vial y la salud. Se le reconoce también haber combatido agresivamente el narcotráfico y, luego de 170 años, permitirle al Perú gozar de fronteras bien definidas.
¿Por qué la objeción? ¿Por qué medios de prensa importantes, líderes de opinión independientes y casi la mitad de los votantes critica su lanzamiento? Yo ubico dos tipos de razones. La primera es muy sencilla: la Constitución lo prohíbe. Y ya es tiempo de que el Perú aprenda a vivir dentro de un estado de derecho. Que aprendamos la importancia de la alternancia en el poder. Es hora de que las leyes dejen de ser acondicionadas a la conveniencia de quienes estén en ese momento ejerciendo el poder, como la inválida ley de "interpretación auténtica", con la que el Congreso autoriza al presidente a pretender un tercer período, cuando la Constitución permite sólo dos.
La segunda razón es más compleja. Para lograr sus objetivos, el gobierno de Fujimori ha pasado por alto la Constitución en múltiples ocasiones. Y coordinando esfuerzos con su asesor para asuntos de inteligencia, Vladimiro Montesinos -muy allegado a las cúpulas militares-, no ha tenido reparos en desarticular gran parte de las instituciones democráticas. Así, el Congreso, con mayoría fujimorista, defenestró a tres miembros del Tribunal Constitucional, dejándolo prácticamente inoperativo, debido a que declararon inconstitucional la ley de "interpretación auténtica".
Igualmente delicada fue la intromisión en el sistema judicial. Se afectó la independencia de los tribunales mediante un esquema de intervención política y le quitaron la mayoría de los poderes jurisdiccionales al Fiscal de la Nación.
En el plano de la libertad de prensa, si bien en el país se puede publicar cualquier información, quien la escribe no siempre está seguro de que los servicios de inteligencia no vayan a tomar represalias. Un caso emblemático es el del Canal 2 de televisión, que con ardides burocráticos le fue despojado a su propietario, luego de denunciar al servicio de inteligencia y estamentos militares. Asimismo, muchos periodistas han sufrido persecución. Entre ellos José Arrieta, asilado por los Estados Unidos. Por su parte, los candidatos presidenciales de la oposición también han sufrido persecución policial.
Cuando algunas de estas acciones motivaron denuncias ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA, el gobierno dio un paso extremo, retirando al Perú de la competencia de ese organismo.
Todo esto ha generado una imagen internacional negativa. Así, el Congreso de Estados Unidos emitió en noviembre la resolución 209, muy crítica de la situación peruana.
Y aquí nos encontramos frente a una segunda paradoja: ¿Cómo, entonces, con una falta tan grave como el irrespeto al Estado de Derecho puede Fujimori bordear el 50% de la voluntad de voto en las encuestas? La respuesta es que la mayoría de los peruanos tiene una prioridad diaria insoslayable: alimentarse y, como se dice popularmente, "la democracia no se come".
Además, el presidente Fujimori ha logrado una justa imagen de hombre inmensamente trabajador. Sus constantes viajes a provincias lo han acercado a los pueblos más olvidados del Perú. Vestido con ropas típicas, montando a caballo, bailando huainito a 4000 metros de altura, Fujimori está atento a los problemas comunales: la construcción del canal de regadío; abono para la próxima siembra; alcantarillado y electrificación del pequeño pueblo perdido en Los Andes; computadoras, cientos de computadoras; el vaso de leche y la construcción de una escuela moderna para los alumnos sin recursos. En fin, nunca antes el país tuvo una campaña de ayuda social tan intensa. Más del 60% de los más pobres reciben ayuda alimenticia. Y todos ellos son votos, muchos votos, a pesar de los significativos índices de desempleo (9,5%) y subempleo (54%).
Pero hay además una tercera paradoja: no sólo los más pobres votarían por Fujimori, también los más ricos. stos, con criterio pragmático, prefieren la seguridad autocrática de la coyuntura al riesgo del progreso en democracia. Y si bien no son muchos votos, sí es mucho dinero para la campaña.
Fujimori es un hombre esencialmente controvertido, pero ello no lo exime, ni como presidente ni como candidato, a cumplir la Constitución, alejar del gobierno a los personajes que la irrespetaron y presentar un semblante menos autocrático, ofreciendo seguridad jurídica y estabilidad democrática.
¿Por qué la objeción? ¿Por qué medios de prensa importantes, líderes de opinión independientes y casi la mitad de los votantes critica su lanzamiento? Yo ubico dos tipos de razones. La primera es muy sencilla: la Constitución lo prohíbe. Y ya es tiempo de que el Perú aprenda a vivir dentro de un estado de derecho. Que aprendamos la importancia de la alternancia en el poder. Es hora de que las leyes dejen de ser acondicionadas a la conveniencia de quienes estén en ese momento ejerciendo el poder, como la inválida ley de "interpretación auténtica", con la que el Congreso autoriza al presidente a pretender un tercer período, cuando la Constitución permite sólo dos.
La segunda razón es más compleja. Para lograr sus objetivos, el gobierno de Fujimori ha pasado por alto la Constitución en múltiples ocasiones. Y coordinando esfuerzos con su asesor para asuntos de inteligencia, Vladimiro Montesinos -muy allegado a las cúpulas militares-, no ha tenido reparos en desarticular gran parte de las instituciones democráticas. Así, el Congreso, con mayoría fujimorista, defenestró a tres miembros del Tribunal Constitucional, dejándolo prácticamente inoperativo, debido a que declararon inconstitucional la ley de "interpretación auténtica".
Igualmente delicada fue la intromisión en el sistema judicial. Se afectó la independencia de los tribunales mediante un esquema de intervención política y le quitaron la mayoría de los poderes jurisdiccionales al Fiscal de la Nación.
En el plano de la libertad de prensa, si bien en el país se puede publicar cualquier información, quien la escribe no siempre está seguro de que los servicios de inteligencia no vayan a tomar represalias. Un caso emblemático es el del Canal 2 de televisión, que con ardides burocráticos le fue despojado a su propietario, luego de denunciar al servicio de inteligencia y estamentos militares. Asimismo, muchos periodistas han sufrido persecución. Entre ellos José Arrieta, asilado por los Estados Unidos. Por su parte, los candidatos presidenciales de la oposición también han sufrido persecución policial.
Cuando algunas de estas acciones motivaron denuncias ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA, el gobierno dio un paso extremo, retirando al Perú de la competencia de ese organismo.
Todo esto ha generado una imagen internacional negativa. Así, el Congreso de Estados Unidos emitió en noviembre la resolución 209, muy crítica de la situación peruana.
Y aquí nos encontramos frente a una segunda paradoja: ¿Cómo, entonces, con una falta tan grave como el irrespeto al Estado de Derecho puede Fujimori bordear el 50% de la voluntad de voto en las encuestas? La respuesta es que la mayoría de los peruanos tiene una prioridad diaria insoslayable: alimentarse y, como se dice popularmente, "la democracia no se come".
Además, el presidente Fujimori ha logrado una justa imagen de hombre inmensamente trabajador. Sus constantes viajes a provincias lo han acercado a los pueblos más olvidados del Perú. Vestido con ropas típicas, montando a caballo, bailando huainito a 4000 metros de altura, Fujimori está atento a los problemas comunales: la construcción del canal de regadío; abono para la próxima siembra; alcantarillado y electrificación del pequeño pueblo perdido en Los Andes; computadoras, cientos de computadoras; el vaso de leche y la construcción de una escuela moderna para los alumnos sin recursos. En fin, nunca antes el país tuvo una campaña de ayuda social tan intensa. Más del 60% de los más pobres reciben ayuda alimenticia. Y todos ellos son votos, muchos votos, a pesar de los significativos índices de desempleo (9,5%) y subempleo (54%).
Pero hay además una tercera paradoja: no sólo los más pobres votarían por Fujimori, también los más ricos. stos, con criterio pragmático, prefieren la seguridad autocrática de la coyuntura al riesgo del progreso en democracia. Y si bien no son muchos votos, sí es mucho dinero para la campaña.
Fujimori es un hombre esencialmente controvertido, pero ello no lo exime, ni como presidente ni como candidato, a cumplir la Constitución, alejar del gobierno a los personajes que la irrespetaron y presentar un semblante menos autocrático, ofreciendo seguridad jurídica y estabilidad democrática.