Las patrañas del poder
El rechazo que ha provocado el comportamiento de la cúpula de la Alcaldía capitalina por el uso indebido de los fondos municipales, es una primera reacción ciudadana ante las mentiras y patrañas del poder.
Las actuales cúpulas políticas gubernamentales, con estas y otras acciones, al igual que sus inmediatos predecesores, continúan su imparable maratón de corrupción. Su proceder se apoya particularmente, en las degeneradas estructuras autoritarias de la –aún vigente- constitución militarista. Por ello la situación resulta particularmente grave para los de abajo y, más, cuando se recurre a la mentira como instrumento de poder. Creen que porque ganaron, pueden mentir y engañar diaria e impunemente.
Dado que la brecha entre ricos y pobres no cesa de crecer, al igual que la distancia entre los actores de la politiquería y la población, resulta obligatorio a los creyentes en las libertades democráticas, redoblar nuestros esfuerzos y desplegar el arma de la crítica, antes que desenfunden más armas los apologistas del autoritarismo.
Continúa en aumento el porcentaje de autoridades del ejecutivo, judicial y legislativo, y también en la esfera municipal, que desarrollan más y más su ignorancia e incapacidad para mirar a la sociedad y atender sus necesidades, insatisfacciones y esperanzas. Continúan presentándonos un pobre espectáculo de juego de perros que se muerden la cola, sin visión alguna y midiendo todo con el rasero de sus estrictos intereses personales y politiqueros, eso sí: de la mano de la mentira y el engaño.
Basta mirar el presupuesto general del Estado y el presupuesto municipal capitalino, para constatar cuan caro nos cuesta mantener la corporación política reinante en su afán de no perder su negocio, que no es otro que el de apropiarse y gastarse el dinero de nosotros, los contribuyentes, en el financiamiento de sus repudiables actividades politiqueras y el cuidado de su imagen. No contentos –nuestros chupópteros modernos- con lo que le succionan al erario, multiplican sus apariciones llenas de desfachatez para mantener en la impunidad su práctica colegiada e inveterada a favor de todo lo que huela a corrupción, al tiempo que dicen, por aquello de la imagen, que los corruptos… son los otros.
Resulta muy dañino que se continúe favoreciendo a quienes obstaculizan el desarrollo de la voluntad responsable en los ciudadanos, en lugar de consolidar los procedimientos favorables a las libertades políticas. Estas nos llaman hoy más que nunca, a emanciparnos de la miseria, de la tiranía de la pobreza, de la ignorancia. La transparencia y la participación como muestra de disposición efectiva para erradicar la corrupción, la demagogia y favorecer el debate permanente, deben prevalecer por encima del gastado discurso demagógico y diversionista.