Las personas de la tercera edad
Uno de los aspectos más relevantes del pasado siglo, lo constituye sin duda alguna, que los seres humanos hayan logrado un aumento dramático en la esperanza de vida, al punto que según la Organización de Naciones Unidas, en los próximos 50 años se cuadriplicará el número de personas de edad, pasando de unos 600 millones a casi 2.000 millones. Actualmente, una de cada 10 personas tiene 60 años o más. Para el año 2050 una de cada cinco será una persona de la tercera edad y se prevé que para el 2150 una tercera parte de la población del mundo tenga 60 años o más.
Lo anterior significa que el mundo está envejeciendo, situación que también plantea grandes retos, siendo uno de ellos el que la dependencia será uno de los principales problemas tanto económicos como sociales en las próximas décadas y será necesario optimizar los recursos sanitarios y sociales para aumentar la calidad de vida de las personas mayores o de la tercera edad.
En 1990, la Organización de Naciones Unidas estableció el 1 de octubre como “Día Internacional para las Personas de la Tercera Edad” con el fin de concienciar a la población sobre los problemas y las necesidades de las personas de más edad, promoviendo la reflexión sobre cómo adaptarnos a los cambios que representa el aumento de la longevidad y ver esos cambios como oportunidades que debemos aprovechar y no como cargas que debemos arrastrar.
La vejez es un proceso continuo de crecimiento intelectual, emocional, físico y psicológico, pero este proceso debe ser un hecho positivo que debemos transitar con espíritu de alegría, de innovación e incluso, debe motivarnos a construir un camino hacia una vida con mayor calidad y seguridad, no solamente para quienes ya están en ese proceso, sino para las futuras generaciones que necesariamente llegarán también a esta inevitable etapa de la vida.
Es por ello, que una vejez plena de sentido es aquella en la que predomina una actitud contemplativa y reflexiva, reconciliándonos con nuestros logros, fracasos, y con nuestros defectos. Debemos lograr la aceptación de uno/a mismo y aprender a disfrutar de los placeres que esta etapa nos brinda y prepararnos activamente para envejecer. Pero esta preparación debe ir más allá; debemos promover una sociedad para todas las edades, en la que todos los grupos puedan coexistir y unir esfuerzos para lograr una sociedad integradora, en la que no se desperdicien el talento y la creatividad de las personas mayores, en especial, la experiencia y la capacidad de las mujeres de la tercera edad.
Un buen gobierno es aquel que provee hacia el futuro, estableciendo políticas públicas eficientes para asegurar calidad de vida a su población de la tercera edad, para no caer en el fracaso del que expresó la célebre escritora francesa, Simone de Beauvoir: “La desdicha de los ancianos es un signo de fracaso de la civilización contemporánea”.
Lo anterior significa que el mundo está envejeciendo, situación que también plantea grandes retos, siendo uno de ellos el que la dependencia será uno de los principales problemas tanto económicos como sociales en las próximas décadas y será necesario optimizar los recursos sanitarios y sociales para aumentar la calidad de vida de las personas mayores o de la tercera edad.
En 1990, la Organización de Naciones Unidas estableció el 1 de octubre como “Día Internacional para las Personas de la Tercera Edad” con el fin de concienciar a la población sobre los problemas y las necesidades de las personas de más edad, promoviendo la reflexión sobre cómo adaptarnos a los cambios que representa el aumento de la longevidad y ver esos cambios como oportunidades que debemos aprovechar y no como cargas que debemos arrastrar.
La vejez es un proceso continuo de crecimiento intelectual, emocional, físico y psicológico, pero este proceso debe ser un hecho positivo que debemos transitar con espíritu de alegría, de innovación e incluso, debe motivarnos a construir un camino hacia una vida con mayor calidad y seguridad, no solamente para quienes ya están en ese proceso, sino para las futuras generaciones que necesariamente llegarán también a esta inevitable etapa de la vida.
Es por ello, que una vejez plena de sentido es aquella en la que predomina una actitud contemplativa y reflexiva, reconciliándonos con nuestros logros, fracasos, y con nuestros defectos. Debemos lograr la aceptación de uno/a mismo y aprender a disfrutar de los placeres que esta etapa nos brinda y prepararnos activamente para envejecer. Pero esta preparación debe ir más allá; debemos promover una sociedad para todas las edades, en la que todos los grupos puedan coexistir y unir esfuerzos para lograr una sociedad integradora, en la que no se desperdicien el talento y la creatividad de las personas mayores, en especial, la experiencia y la capacidad de las mujeres de la tercera edad.
Un buen gobierno es aquel que provee hacia el futuro, estableciendo políticas públicas eficientes para asegurar calidad de vida a su población de la tercera edad, para no caer en el fracaso del que expresó la célebre escritora francesa, Simone de Beauvoir: “La desdicha de los ancianos es un signo de fracaso de la civilización contemporánea”.