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Las pésimas condiciones de las escuelas


La República de Panamá dispone de 424 colegios secundarios y 2,979 escuelas primarias, muchos de los cuales tienen más de medio siglo de existencia y se encuentran en estado crítico. La gran mayoría son víctimas de las reiteradas postergaciones de los proyectos elaborados para repararlos. Previsible consecuencia de esa injustificable situación es la ocurrencia de accidentes dentro de ellos, lo cuales durante los dos últimos años se han incrementado respecto de similares períodos anteriores. Sólo tendríamos que recordar el mal estado de la cerca de ciclón que causó el accidente y la amputación del dedo anular de un niño en la escuela Belisario Porras en el distrito capital, para entender la gravedad del tema.
No corresponde objetar la utilización de edificios longevos, cuya calidad de materiales y de construcción suele ser, más de una vez, superior a la de muchos inmuebles de menor edad, siempre y cuando dispusieran de constante y adecuado mantenimiento. Pero está comprobado y sabido que cuando escasean o son omitidas tan indispensables tareas, la antigüedad se convierte en obsolescencia y en decrepitud, lo cual, a corto o largo plazo, provoca riesgos para la integridad física de sus ocupantes.
En trance de justificar esas deficiencias, abundan las explicaciones de los más variados tenores. Vale reiterar que no hace falta ser experto en pedagogía o en arquitectura para comprender las dificultades implícitas en la obligación de desarrollar eficientes labores educativas y de aprendizaje bajo el supuesto cobijo de edificios tan precariamente conservados. Abundan las denuncias acerca de techos con filtraciones, paredes que muestran abundantes huellas de humedad, pisos y escaleras inseguros, patios que deben ser convertidos en improvisados e inapropiados substitutos de los ambientes cerrados y sanitarios que son crías perennes de mosquitos sea cual fuere la época del año en la cual es menester apelar a ese insólito recurso.
Entretanto, las autoridades han informado que han hecho inversiones en obras variadas en alrededor de cincuenta escuelas, de las cuales un tercio corresponde a los que padecen instancias críticas. ¿Será suficiente? No. Menos cuando poco más del 15% del presupuesto del Ministerio de Educación es destinado a inversiones en general. Educar es una de las misiones esenciales del Estado. Los prodigiosos avances tecnológicos, científicos y culturales que ahora son pan de todos los días, demuestran que ninguna sociedad podrá progresar si no le presta atención a los complejos aspectos del quehacer educativo. Y es deber del Estado preocuparse y empeñar sus mejores esfuerzos para que esa indelegable obligación pueda disponer del sustento de una adecuada y actualizada infraestructura edilicia.


101 años de Panamá América

 
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