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Las políticas de Estado y el deporte


No podría contabilizar el número de panameños que se desveló para ver las olimpiadas a altas horas de la madrugada, pero lo cierto es que muchos estuvimos a la expectativa, y cuando nuestros atletas competían, todos nos avocamos a brindar nuestro apoyo emocional; en las dos ocasiones que logramos clasificar, el pueblo panameño en pleno vivió esos momentos y sintió orgullo.
Ello quiere decir que existe espíritu hacia el deporte y lo que éste representa: sacrificio, constancia y una meta clara de hacia dónde se quiere llegar. Esto lo vemos indistintamente de la edad, como lo hicieron nuestras pequeñas ligas al representarnos a nivel internacional; sin embargo, un número considerable de deportistas no goza de esta oportunidad, convirtiéndose el acceso a instalaciones o a grupos organizados en casi un privilegio. ¡Qué mal enfocados estamos, y por eso cosechamos lo sembrado!.

Cuando mi padre era adolescente, fue gracias al deporte que desarrolló esa convicción de superación constante. De igual forma, el deporte era parte esencial en mi vida y aún lo es. Por eso, después de reflexionar sobre hechos histórico que vivimos, quise ponderar a través de estas líneas la importancia del aforismo "cuerpo sano, mente sana".
Queda probado que el deporte es un medio para alejar a los jóvenes de los vicios, impone disciplina, respeto, trabajo en equipo, dedicación y un sinnúmero de valores que tarde o temprano revierten en la conducta del hombre, haciéndolo más útil para la sociedad, que no tenga tanto tiempo de ocio en el cual pueda pensar en delinquir, y ¿por qué no? si es lo suficientemente bueno, que tenga su oportunidad, lo cual no es un cuento de hadas porque muchos compatriotas lo han demostrado.
Todo lo anterior parece un sueño de opio si no contamos con un programa de Estado que impulse esta necesidad social. Parecen planteamientos demagógicos cuando se señalan las políticas sobre el tema, ya sea por falta de presupuesto o cero plan de gestión estratégica. Al final del camino, las instalaciones dedicadas al deporte están cada vez más deterioradas, no hay un mantenimiento adecuado y sobre todo, pese a esfuerzos asilados de personas naturales y jurídicas, el trabajo en conjunto no se aprecia. No es que no existe, sino que no se ve.
En la mayoría de los casos son los clubes cívicos u organizaciones privadas los que impulsan un deporte en particular, pero a lo que me refiero es a la necesidad de que toda la maquinaria estatal invierta en capital intelectual y económico para la consecución de, entre otras cosas, más centros municipales que tengan instrucción profesional, con el mantenimiento adecuado y la vigilancia requerida, y así poder llevar la cultura del deporte a todos los estratos sociales. Que aquellas autoridades en la materia logren promover el nivel de conciencia necesario para que se logren todas las herramientas que permitan un mejor estilo de vida, ya que el impacto que se genera revierte proporcionalmente en incidencias microeconómicas, sociales, políticas y culturales.
Con el cambio de gobierno llegan nuevas esperanzas. Ya el tiempo de hablar pasó, ahora hay que actuar. Esto trae a colación la regulación que hemos vivido las últimas semanas sobre la aplicación de la llamada "mano dura". La misma no debe ser exclusiva para sancionar, debe implementar igual energía e intensidad en prevenir y educar. Y si manejamos mejor el deporte, tendremos menos enfermedades y, por consiguiente, bajan los niveles de saturación en los hospitales, los índices de delincuencia disminuyen, ayudando a reducir los porcentajes de hacinamiento en las cárceles, con menor fractura del núcleo familiar al decrecer las cifras de menores infractores, abriendo el compás para que tengamos futuras generaciones con valores que les permita convertirse en entes activos.
La política social es parte de la columna vertebral de una nación y si está dirigida a nuestros niños y adolescentes, la obligación viene por partida doble. "Las mentes precoces sólo tienen espacio en espíritus emprendedores y cuerpos fuertes capaces de llevar la obra".

101 años de Panamá América

 
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