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Las políticas del IPAT dan resultado


Tuve, por razones de una intervención quirúrgica que me hicieron en EE.UU., que viajar por barco de Miami a Panamá. No podía volar por la presión que la altura ejercía sobre el ojo operado. Me acompañaron mi esposa y dos hijos con sus cónyuges. Tomamos un magnífico barco de la Royal Caribbean, el “Brilliance of the Seas”. El crucero resultó excelente. Hicimos tres paradas en siete días.

El “Brilliance of the Seas” arribó  primero en Labadde, una playa privada de la compañía Royal Caribbean en el norte de Haití. Al cuarto día llegamos a Willemstad,  capital de Curacao, con 70,000 habitantes, siendo ésta la mayor de las Antillas Holandesas. Allí, entre las cosas interesantes, está la sinagoga Mikve Israel Emmanuel, la más antigua del Hemisferio Occidental. Nos llamó poderosamente la atención el piso de arena que tenía y el magnífico trabajo de madera. Después arribamos a Aruba, otra de las cinco islas que conforman el archipiélago, donde el turista puede adquirir mercancías en excelentes tiendas. Curacao y Aruba, como carecen de ríos, utilizan el agua de mar y unas plantas especiales para purificarla.

Al séptimo día llegamos a Panamá. Pasamos la primera esclusa (Gatún). Resultó impresionante ver cómo el barco, al pasar por las piscinas, asciende a 35 pies sobre el nivel del mar.

El “Brilliance of the Seas” ancló en el Lago Gatún para darle oportunidad de desembarcar a unos mil turistas para que hicieran diversas excursiones. Algunos, inclusive, incluyeron a la ciudad de Panamá. El viaje en tren, que además de ser muy cómodo, le brinda al pasajero la oportunidad de observar bellos paisajes.

Luego de unas cuatro horas, el barco arribó a Cristóbal. Allí se bajó la otra mitad de los turistas, al igual que nosotros.  Fue muy satisfactorio ver que en el muelle donde están las instalaciones de Panama Ports se atendía al visitante tan bien o mejor que en otras ciudades visitadas. En un local muy amplio y fresco se ofrecía al turista música variada, bailes típicos y artesanía. El viaje que hicimos por necesidad se convirtió en un gran placer. 

Como panameño me enorgulleció ver al turista disfrutar tanto lo que Panamá ofrece y ello es, sencillamente, porque en el IPAT ha habido continuidad en sus políticas. Primero, Liriola Pittí, y luego Rubén Blades hicieron grandes esfuerzos y lograron que los cruceros incluyeran a Panamá en sus giras. Blades consiguió, tras ardua lucha, que el país sea “home port” de la Royal Caribbean y estamos seguros que otras compañías lo harán igualmente aprovechando el “Hub” de COPA.

101 años de Panamá América

 
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