Las preguntas de mi tiempo
¿Para qué los trasplantes? ¿Para qué el Internet? ¿Por qué se inventó la farmacología? ¿Para qué el petróleo y los trenes supersónicos?
Preguntas y más preguntas. Son el motor de la vida y de la historia. Sin ellas, no existieran los automóviles, la televisión, la penicilina o las hamburguesas. No existiera la política. Hoy tenemos satélites dándole vueltas al universo gracias a las interrogantes que acosaban a algunos físicos en la primera mitad del siglo veinte y, antes de ellos, a Da Vinci y a Julio Verne, artistas preambulares y visionarios.
Cosa curiosa: toda conquista científica o tecnológica, fue primero un cuento en la mente de un artista loco, ¡ja!. Sin embargo, por estos días hemos olvidado que todas las preguntas que han empujado las grandes revoluciones del conocimiento y de la técnica, dan vueltas en torno a un mismo y único punto: el ser humano. Fue por una necesidad de los hombres y las mujeres de su tiempo, y no por entretenerse, que a algún egipcio se le ocurrió torturarnos a todos con la geometría. Lo mismo puede decirse del álgebra, los espaguetis o la rueda. Son inventos cuya razón de ser, cuyo centro y por qué, es la humanidad, porque no hay ningún valor superior a ésta.
Eso lo hemos olvidado los hombres y mujeres de esta época, para quienes por encima de los hombres está todo aquello que se pueda comprar con dinero. Por eso en los planes de cualquier gobierno primero está el superávit, después la escuela y el hospital. Primero es la reforma fiscal y las finanzas del Seguro o el Canal, después los buses y el buen servicio médico.
Para cualquiera de nosotros importa más tener cosas que ser alguien. Por eso son caras las medicinas y las casas. Por eso hoy nos hacemos las preguntas que producen dinero.. Las otras, como ésta: ¿quién se hace rico con la salud de los panameños?, las ignoramos.
Preguntas y más preguntas. Son el motor de la vida y de la historia. Sin ellas, no existieran los automóviles, la televisión, la penicilina o las hamburguesas. No existiera la política. Hoy tenemos satélites dándole vueltas al universo gracias a las interrogantes que acosaban a algunos físicos en la primera mitad del siglo veinte y, antes de ellos, a Da Vinci y a Julio Verne, artistas preambulares y visionarios.
Cosa curiosa: toda conquista científica o tecnológica, fue primero un cuento en la mente de un artista loco, ¡ja!. Sin embargo, por estos días hemos olvidado que todas las preguntas que han empujado las grandes revoluciones del conocimiento y de la técnica, dan vueltas en torno a un mismo y único punto: el ser humano. Fue por una necesidad de los hombres y las mujeres de su tiempo, y no por entretenerse, que a algún egipcio se le ocurrió torturarnos a todos con la geometría. Lo mismo puede decirse del álgebra, los espaguetis o la rueda. Son inventos cuya razón de ser, cuyo centro y por qué, es la humanidad, porque no hay ningún valor superior a ésta.
Eso lo hemos olvidado los hombres y mujeres de esta época, para quienes por encima de los hombres está todo aquello que se pueda comprar con dinero. Por eso en los planes de cualquier gobierno primero está el superávit, después la escuela y el hospital. Primero es la reforma fiscal y las finanzas del Seguro o el Canal, después los buses y el buen servicio médico.
Para cualquiera de nosotros importa más tener cosas que ser alguien. Por eso son caras las medicinas y las casas. Por eso hoy nos hacemos las preguntas que producen dinero.. Las otras, como ésta: ¿quién se hace rico con la salud de los panameños?, las ignoramos.