Las preguntas que no se hicieron
Una comisión de siete miembros examinó a los aspirantes a magistrados de la Corte Suprema, pero las preguntas que les hicieron a los candidatos fueron más bien banales. Por ejemplo, les preguntaron por su historia familiar, cuando debieron preguntarles con qué miembros del Gabinete y del Legislativo mantienen vínculos familiares o de amistad. Se les pidió que describieran sus méritos y sus logros para ser magistrados, pero no se les inquirió sobre si hay algo en su trayectoria personal o profesional que pudiera opacar en determinado momento su credibilidad como juzgador. Se les dio la oportunidad para que manifestaran en qué Sala de la Corte les gustaría trabajar, pero no se les preguntó qué casos o clientes tienen o han tenido cuyos expedientes se encuentren pendientes de decisión precisamente en esa Sala que aspiran integrar. El delicado tema de la independencia se aborda desde un punto de vista inútil, pues se les interrogó sobre cómo garantizarían la independencia en el servicio de justicia, en vez de pedirles que declaran sobre los intereses personales, familiares, económicos y políticos, que han marcado su trayectoria y que podrían menoscabar la imparcialidad de su criterio. Para colmo de males, se les preguntó si renunciarían al cargo en el caso de que fuesen cuestionados por "la percepción ciudadana" quedando afectada su credibilidad como juez, como si algún candidato se atreviera a decir que mostrará la misma caradura y el mismo inquebrantable cinismo de sus colegas. Para cerrar con broche de oro, el cuestionario culmina con la oportunidad de que el aspirante se entregue al autobombo, pues se le inquiere sobre su aporte a la democracia y a los derechos humanos.
¿No hubiese sido más útil invitarlos a hacer una reflexión sobre los grandes temas del derecho de nuestra época (como la lucha contra la corrupción, la responsabilidad de los altos funcionarios, la protección de la privacidad, por mencionar algunos) para calibrar la fibra intelectual de quien aspira a dictar justicia desde el máximo tribunal de la nación?
¿No hubiese sido más útil invitarlos a hacer una reflexión sobre los grandes temas del derecho de nuestra época (como la lucha contra la corrupción, la responsabilidad de los altos funcionarios, la protección de la privacidad, por mencionar algunos) para calibrar la fibra intelectual de quien aspira a dictar justicia desde el máximo tribunal de la nación?