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Las primeras damas


Las esposas de los candidatos presidenciales, en países desarrollados y conservadores, suelen ser un activo o un pasivo, según se les perciba por el público. La mayor parte de las ocasiones, sin embargo, los aspirantes, celosos de su intimidad, las prefieren con un bajo perfil, procurando tender un velo invisible entre su imagen pública y su vida privada. Nadie duda, por ejemplo, que el encanto de Jacqueline Kennedy fue carta de triunfo para su esposo, el presidente norteamericano John Kennedy.
Igual el ex mandatario argentino, perenne factor de poder y aspirante a la presidencia de su país, Carlos Menem, quien tiene también en su esposa la ex Miss Universo chilena Cecilia Bolocco como su arma secreta para mantener vigencia y proyectarse renovado. No otra cosa ocurre con el carismático mandatario hondureño, Ricardo Maduro, quien también es panameño, cuya esposa española Aguas Ocaña de Maduro, se ha convertido sorprendentemente en uno de sus principales puntales políticos a través de su agresivo y exitoso programa de auxilio a niños de la calle.
En la actual campaña presidencial panameña, las esposas de los candidatos no juegan un papel tan relevante. Pero aún así, más adelante, pueden ayudar a ganar algunos votos. De los cuatro, Ricardo Martinelli ha preferido mantener a su esposa Marta Linares de Martinelli, bajo un discreto perfil, lo cual va a la perfección con su estilo personalísimo y la imagen que se esfuerza en proyectar de hombre recio, autoritario, forjado en su trabajo, capaz de resolverlo todo por sí solo. En esencia, bajo su esquema, todos los reflectores han de proyectarse sobre su persona sin que nada ni nadie le haga sombra ni distraiga la atención en otra dirección. Los votos que saque serán exclusivamente suyos, y punto. Ese fue el estilo arrollador de Belisario Porras, Arnulfo Arias, Omar Torrijos y otros caudillos.
José Miguel Alemán, en su esfuerzo tesonero por subir desde una puntación anémica en las encuestas, suele hacerse acompañar por su joven esposa Victoria Dutari de Alemán, quien es interiorana, de Soná, Veraguas, lo que sin duda gravita favorablemente sobre su principal fortaleza que está en el interior del país. Guillermo Endara, en cambio, tiene en su esposa Ana Mae Díaz de Endara un verdadero terremoto de entusiasmo y alegría desbordante que indudablemente tonifica a una nómina obviamente pesada. Su mayor impacto es a nivel del voto popular y joven. Ella tiene, si se quiere, el efecto de la "batería" que hace saltar hacia la victoria a los potros que desfallecen en una carrera.
Y por último está Vivian de Torrijos, la joven esposa del favorito candidato Martín Torrijos, quien tiene un nivel de exposición un tanto menor al de Victoria de Alemán. Ella es, no obstante, valiosa por su proyección profesional y familiar, con sus hijos pequeños, que se proyecta con indudable impacto sobre el votante joven. ¿Quién saca ventaja? Sin que sea decisivo en los resultados de mayo, para nosotros, en su orden, de mayor a menor, la señora Endara y luego la señora Torrijos.

101 años de Panamá América

 
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