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Las prisiones siguen igual


Las prisiones en Panamá siguen igual y no importan las promesas que se hagan sobre arreglarlas, pues nada cambia. Para diciembre del año pasado, las mismas, que supuestamente están diseñadas para albergar a 7, 213 detenidos, alojaban a unos 12 mil prisioneros en todo el país. Y como los datos oficiales no están actualizados, es de suponer que la cifra sea considerablemente mayor.
Pero lo peor no es sólo el hacinamiento casi bíblico que las caracteriza, sino el deplorable estado en que se encuentran. La mayoría permanecen dilapidadas. La Joya y La Joyita siguen experimentando escasez de agua, el sistema funciona pocas horas al día. Las enfermedades entre los reclusos crecen y el servicio médico es inadecuado. Las condiciones son extremadamente insalubres. Y a nadie parece importarle las incontables veces que los medios de prensa denunciamos esta situación.
Mucho menos, que los jóvenes detenidos por un simple hurto de un celular, compartan los "pabellones" de reclusión con internos por la comisión de graves delitos, tales como secuestros, violaciones y homicidios, y ocultan sus temores entre pandillas de barrios o la mafia colombiana, pues, según la Comisión de Derechos Humanos, la falta de separación entre los detenidos, de acuerdo con el tipo o la gravedad de los crímenes cometidos, es el principal problema que enfrentan las cárceles del país.
Los programas de libertad condicional de la ley para prisioneros acusados de delitos menores no se han cumplido. Según datos de la Embajada de Estados Unidos, hasta septiembre del año pasado, unos dos mil prisioneros que habían cumplido dos tercios de sus sentencias permanecieron en prisión. Simplemente los olvidaron. ¿Es la amnesia institucionalizada? Los funcionarios responsables esquivan la pregunta mientras se entroniza la vergüenza nacional en las cárceles panameñas.

101 años de Panamá América

 
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