Las promesas electorales
Con periodicidad muy encomiable el Panamá América viene haciendo unos análisis muy objetivos de las promesas electorales formuladas en la pasada campaña por el actual mandatario de la República, Martín Torrijos. El estudio en referencia puntualiza las promesas cumplidas y aquellas otras que sin ser atendidas constituye solo hasta el presente una oferta electoral más. De los ofrecimientos de Martín Torrijos en la pasada campaña política, según la publicación en referencia, éste ha cumplido entre el 30% y 42.8% en los temas relacionados con la educación, la salud, la CSS, la economía, la corrupción y el sector agropecuario. En los otros asuntos que también han acaparado la preocupación ciudadana es poco o nada lo que se ha hecho.
Lástima que los análisis que se hacen no cubran también las posiciones que en la campaña electoral hicieron los candidatos perdedores. Veremos, con asombro, cómo cambian, sin sonrojo, sus posiciones varios de ellos.
Martín Torrijos, como todo ser humano, tiene su propio estilo personal, el cual se refleja, por supuesto, en su forma de gobernar. Tiene cosas positivas, que hay que señalar sin mezquindades. Entre ellas, por ejemplo, junto a su señora esposa constituye una pareja que dignifica mucho el cargo y prestigia, por la manera de conducirse y la jerarquía que tienen, al país adentro y afuera de nuestras fronteras. El ha tratado, con convicción, de darle transparencia y honestidad a su gestión. La ciudadanía sabe cómo se gastan los dineros que paga con sus impuestos y está muy bien informada sobre los desembolsos que se llevan a cabo. En los aspectos negativos el Presidente Torrijos ha demostrado que es lento en la acción y que actúa, muchas veces, cuando la presión ciudadana lo obliga. El actual gobierno no ha puesto fin a muchos de los privilegios que ayer se dieron (cónsules que ganan millones de dólares y contratos injustificados). El tamaño del Estado no se ha reducido y la burocracia no ha disminuido, sino más bien tiende a aumentar. La Reforma Fiscal, por ejemplo, recaba mayores impuestos sin que la misma ponga fin a los privilegios que en el pasado han sido muy criticados entre otros por los que hoy gobiernan.
La opinión ciudadana está consciente de que muchos de los excesos del pasado, objetos de fuertes señalamientos, continúan con aparente impunidad para sus actores. Un Presidente, por supuesto, no tiene la facultad de meter a nadie preso, pero sí puede orientar con energía y determinación a los organismos competentes; no se trata de realizar ninguna persecución, sino sencillamente que se imponga la justicia. No son pocas las personas que han dado un compás de espera para que se investigue a fondo aquellos individuos señalados de haber cometido claros delitos. El país espera con gran paciencia, pero también con determinación, que se exonere a quien lo merece y se sancionen ejemplarmente a los que resulten culpables de los cargos que les imputan. No obstante, a más de 2 años de la administración actual, pareciera que nadie cometió ningún delito. Ese "cerrar de ojos" lleva a muchos panameños a pensar de la existencia cierta del llamado "Pacto MAMI" a pesar de que en ocasiones los dirigentes de ambos grupos se tiran dardos, pero estos no tienen veneno, son romos en sus puntas e inofensivos.
Ojalá que en el tiempo que le falta -casi 3 años- pueda el Presidente Torrijos cumplir con la mayoría de sus promesas de campaña en las cuales confió el pueblo panameño que le dio un sólido mandato, y contribuya, así, a restituir la fe y confianza en los hombres públicos y en la clase política panameña.
Rafael Bielsa nos enseña que "El atributo esencial del abogado es su moral. Es el substratum de la profesión. La abogacía es un sacerdocio; la nombradía del abogado se mide por su talento y por su moral. La creencia generalizada de que los buenos abogados son listos o pillos es infortunada y falsa".
Jiménez De Asua dice que "el abogado debe saber derecho, pero principalmente debe ser un hombre recto".
Podríamos multiplicar las citas de eminentes juristas de todos los confines del planeta que van en ese sentido pero, en conclusión, lo que nos interesa resaltar es que, la abogacía tiene una función social y los abogados deben ejercerla con honradez y moralidad necesarias para la existencia y perfeccionamiento de la sociedad, para ayudarla a alcanzar la felicidad.
Lástima que los análisis que se hacen no cubran también las posiciones que en la campaña electoral hicieron los candidatos perdedores. Veremos, con asombro, cómo cambian, sin sonrojo, sus posiciones varios de ellos.
Martín Torrijos, como todo ser humano, tiene su propio estilo personal, el cual se refleja, por supuesto, en su forma de gobernar. Tiene cosas positivas, que hay que señalar sin mezquindades. Entre ellas, por ejemplo, junto a su señora esposa constituye una pareja que dignifica mucho el cargo y prestigia, por la manera de conducirse y la jerarquía que tienen, al país adentro y afuera de nuestras fronteras. El ha tratado, con convicción, de darle transparencia y honestidad a su gestión. La ciudadanía sabe cómo se gastan los dineros que paga con sus impuestos y está muy bien informada sobre los desembolsos que se llevan a cabo. En los aspectos negativos el Presidente Torrijos ha demostrado que es lento en la acción y que actúa, muchas veces, cuando la presión ciudadana lo obliga. El actual gobierno no ha puesto fin a muchos de los privilegios que ayer se dieron (cónsules que ganan millones de dólares y contratos injustificados). El tamaño del Estado no se ha reducido y la burocracia no ha disminuido, sino más bien tiende a aumentar. La Reforma Fiscal, por ejemplo, recaba mayores impuestos sin que la misma ponga fin a los privilegios que en el pasado han sido muy criticados entre otros por los que hoy gobiernan.
La opinión ciudadana está consciente de que muchos de los excesos del pasado, objetos de fuertes señalamientos, continúan con aparente impunidad para sus actores. Un Presidente, por supuesto, no tiene la facultad de meter a nadie preso, pero sí puede orientar con energía y determinación a los organismos competentes; no se trata de realizar ninguna persecución, sino sencillamente que se imponga la justicia. No son pocas las personas que han dado un compás de espera para que se investigue a fondo aquellos individuos señalados de haber cometido claros delitos. El país espera con gran paciencia, pero también con determinación, que se exonere a quien lo merece y se sancionen ejemplarmente a los que resulten culpables de los cargos que les imputan. No obstante, a más de 2 años de la administración actual, pareciera que nadie cometió ningún delito. Ese "cerrar de ojos" lleva a muchos panameños a pensar de la existencia cierta del llamado "Pacto MAMI" a pesar de que en ocasiones los dirigentes de ambos grupos se tiran dardos, pero estos no tienen veneno, son romos en sus puntas e inofensivos.
Ojalá que en el tiempo que le falta -casi 3 años- pueda el Presidente Torrijos cumplir con la mayoría de sus promesas de campaña en las cuales confió el pueblo panameño que le dio un sólido mandato, y contribuya, así, a restituir la fe y confianza en los hombres públicos y en la clase política panameña.
Rafael Bielsa nos enseña que "El atributo esencial del abogado es su moral. Es el substratum de la profesión. La abogacía es un sacerdocio; la nombradía del abogado se mide por su talento y por su moral. La creencia generalizada de que los buenos abogados son listos o pillos es infortunada y falsa".
Jiménez De Asua dice que "el abogado debe saber derecho, pero principalmente debe ser un hombre recto".
Podríamos multiplicar las citas de eminentes juristas de todos los confines del planeta que van en ese sentido pero, en conclusión, lo que nos interesa resaltar es que, la abogacía tiene una función social y los abogados deben ejercerla con honradez y moralidad necesarias para la existencia y perfeccionamiento de la sociedad, para ayudarla a alcanzar la felicidad.