Las promesas electorales
Cada cuatro años, al iniciarse el período electoral, el ciudadano tiene que escuchar una serie interminable de ofrecimientos que muchos candidatos presidenciales y de otros puestos de elección hacen en busca de votos. Para ellos no hay mal que no tenga cura. Hacen promesas y se comprometen a tomar medidas que ellos saben que no son viables.
Todas esas prácticas que algunos candidatos hacen ha llevado al panameño a perder la fe y confianza en la clase política. Eso es muy lamentable, pero es una realidad que no podemos negar. Esta actitud demagógica de algunos de ofrecer lo que no se puede cumplir, ha llevado a muchos partidos a afectarse en su credibilidad. Esto, la pérdida de la fe en los partidos, ha afectado la democracia, pues ha dado paso, en otras latitudes, a regímenes dictatoriales que se tomaron el poder aprovechando el desencanto que la comunidad tiene con los partidos. Las promesas electorales que no se cumplen no son exclusividad de los candidatos presidenciales. Los diputados, en especial los nuevos, que aspiraban a una curul pregonaban a diestra y siniestra que se opondrían, entre otras cosas, a todos los privilegios que la Asamblea tiene para sus miembros. Una vez electos dieron marcha atrás a todas sus promesas y defendieron esas medidas de privilegios que tanto combatieron y que la ciudadanía rechaza.
Deben los candidatos, a los que me he referido, ser más comedidos y muy cuidadosos en sus promesas para poder ir, así, recobrando el respeto de la sociedad y si no lo hacen lo pagaran caro en las urnas. El panameño no sufre de Alzheimer, sabe distinguir entre el político demagogo y el estadista. Es oportuno recordar a Napoleón y Tayllerand. El primero dijo que: "Nada va bien en un sistema político en donde las palabras contradicen los hechos". El segundo manifestó: "La oposición es el arte de estar en contra de todo haciéndolo tan hábilmente que luego se puede estar a favor".