Las reformas electorales
Para nadie ha sido sorpresivo, el hecho de que la mayoría de los partidos políticos formalmente constituidos en Panamá, le hayan negado el derecho al voto a los miembros de la llamada "Asamblea de la Sociedad Civil", dentro de la Comisión que está discutiendo las "reformas electorales".
Paralela o peor reacción, es la que ha provocado el complaciente "respeto a la voluntad de la mayoría de los partidos políticos" que invoca el Tribunal Electoral, al afirmar que para mantener la "posición conservadora" de los primeros, le niega el derecho al voto a los integrantes de la "Asamblea de la Sociedad Civil".
Cuando los magistrados del Tribunal Electoral decidieron secundar esa egoísta negativa, lo que intentan es evadir su verdadera responsabilidad y creen, erróneamente, conservar la misma pretendida "virginidad" que pregona un himen complaciente. En medicina, se le llama himen complaciente a aquel que, a pesar de haber ocurrido una relación sexual real, se estira y se resiste a rasgarse o a lacerarse, dando con ello la falsa impresión de que la llamada "virginidad", no se ha perdido.
Los votos que, con toda justicia, exigen los representantes de la llamada "sociedad civil", son más simbólicos que reales, por dos razones: La primera, porque constituyen una precaria minoría. La segunda, porque las decisiones finales serán tomadas por el pleno de la Asamblea Legislativa entre cuyos miembros, hay un plural número que, como "carneros de panurgo", seguirán al primero que se arroje al proceloso mar de las decisiones que les señalarán los verdaderos dueños de cada uno de los partidos políticos.
Es por eso por lo que lamento profundamente, que algunos organismos que integran la precitada Comisión, hayan decidido permanecer (y ojalá que por poco tiempo) dentro de la misma, como verdaderos "convidados de piedra", sin derecho siquiera a un simbólico voto.
Pero, por otra parte, aplaudo la que ha tomado el Colegio Nacional de Abogados, de abstenerse de seguirle haciendo el juego a aquellos que como seudo-omnipotente minoría, creen haber alcanzado el privilegio de evitar cualquier discusión y, por supuesto, la aprobación de cualesquiera medidas, por injustas que sean, que afecten a sus muy egoístas intereses partidistas y personales.
Por las consideraciones anteriores, exhorto por este medio al Colegio Nacional de Abogados y a todos los componentes de la sociedad panameña para que, fuera de la limitada Comisión Partidista, unan todos sus esfuerzos y redacten un borrador de un Anteproyecto de Ley que contemple las verdaderas y profundas reformas electorales que la mayoría del pueblo necesita y quiere, para presentarlas y defenderlas posteriormente, tanto en la comisión respectiva de la Asamblea Legislativa, así como en el pleno de la misma, donde al fin y al cabo, serán definitivamente aprobadas.
Paralela o peor reacción, es la que ha provocado el complaciente "respeto a la voluntad de la mayoría de los partidos políticos" que invoca el Tribunal Electoral, al afirmar que para mantener la "posición conservadora" de los primeros, le niega el derecho al voto a los integrantes de la "Asamblea de la Sociedad Civil".
Cuando los magistrados del Tribunal Electoral decidieron secundar esa egoísta negativa, lo que intentan es evadir su verdadera responsabilidad y creen, erróneamente, conservar la misma pretendida "virginidad" que pregona un himen complaciente. En medicina, se le llama himen complaciente a aquel que, a pesar de haber ocurrido una relación sexual real, se estira y se resiste a rasgarse o a lacerarse, dando con ello la falsa impresión de que la llamada "virginidad", no se ha perdido.
Los votos que, con toda justicia, exigen los representantes de la llamada "sociedad civil", son más simbólicos que reales, por dos razones: La primera, porque constituyen una precaria minoría. La segunda, porque las decisiones finales serán tomadas por el pleno de la Asamblea Legislativa entre cuyos miembros, hay un plural número que, como "carneros de panurgo", seguirán al primero que se arroje al proceloso mar de las decisiones que les señalarán los verdaderos dueños de cada uno de los partidos políticos.
Es por eso por lo que lamento profundamente, que algunos organismos que integran la precitada Comisión, hayan decidido permanecer (y ojalá que por poco tiempo) dentro de la misma, como verdaderos "convidados de piedra", sin derecho siquiera a un simbólico voto.
Pero, por otra parte, aplaudo la que ha tomado el Colegio Nacional de Abogados, de abstenerse de seguirle haciendo el juego a aquellos que como seudo-omnipotente minoría, creen haber alcanzado el privilegio de evitar cualquier discusión y, por supuesto, la aprobación de cualesquiera medidas, por injustas que sean, que afecten a sus muy egoístas intereses partidistas y personales.
Por las consideraciones anteriores, exhorto por este medio al Colegio Nacional de Abogados y a todos los componentes de la sociedad panameña para que, fuera de la limitada Comisión Partidista, unan todos sus esfuerzos y redacten un borrador de un Anteproyecto de Ley que contemple las verdaderas y profundas reformas electorales que la mayoría del pueblo necesita y quiere, para presentarlas y defenderlas posteriormente, tanto en la comisión respectiva de la Asamblea Legislativa, así como en el pleno de la misma, donde al fin y al cabo, serán definitivamente aprobadas.