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Las reformas fiscales


SOY DE los muchos panameños que consideran que unas reformas fiscales son muy necesarias. Hay, para usar la palabra muy de moda, que buscar una mayor "equidad" en el pago de los impuestos; que no sigan contribuyendo al fisco más los que menos ganan. Es hora ya de invertir estos factores.
Creo, sin temor a equivocarme, que la filosofía del gobierno se concentra principalmente en tres elementos: aumentar los ingresos; evitar las evasiones y controlar el gasto público. No me siento defensor oficioso de las reformas, ni tampoco un crítico acerbo de ellas; pretendo, eso sí, poder analizarlas con objetividad absoluta. No voy, pues, consecuentemente, a referirme a casos específicos sino a principios generales.
El impuesto sobre la renta mínimo alternativo (2%) para personas jurídicas que afecta sin duda a empresas establecidas que generan ingresos altos con muy poca ganancia por su propia condición, no incentiva, entre otras cosas, cualquiera nueva inversión en el país. Son muy pocas o tal vez ninguna que aquí o en cualquier país logran utilidades en sus primeros tres o cuatro años de iniciar operaciones. Esas empresas nuevas van a ser castigadas con un impuesto que aumentará su renglón de pérdidas. Tomemos el caso de los hoteles nuevos, imprescindibles en un país que quiere fomentar el turismo. No podemos pretender traer visitantes a Panamá si no tenemos lugares en donde hospedarlos adecuadamente o sitios verdaderamente interesantes que visitar. Este es el caso del huevo o la gallina, ¿qué esta primero? ¿Traemos turistas sin infraestructuras o las creamos y después los incentivamos a visitarnos? Esos hoteles que han sido establecidos guiados por el interés turístico que potencialmente despierta Panamá cerrarán algunos por razón de este nuevo impuesto que castiga su actividad y aumentarán algo el renglón de desempleados.
Para evitar las evasiones fiscales, que estoy seguro han sido uno de los objetivos de estas reformas, pueden encontrarse otros mecanismos que no afecten el desarrollo y el crecimiento de las empresas, en especial el establecimiento de nuevas.
El proyecto de reformas presenta algunas omisiones. Se ha obviado mencionar en qué serán utilizados los dineros adicionales que las reformas supuestamente deberán generar.
El gasto público tampoco ha sido ajustado en los niveles que debía hacerse aprovechando la coyuntura; si queremos compartir los sacrificios y si hay que "amarrarse el cinturón que todos lo hagamos". Si bien es cierto que se han integrado al salario los gastos de representación, medida esta que ha sido recibida positivamente, pues en cierta forma representa una disminución del salario del funcionario, ella no se ha hecho extensiva a otros empleados públicos, en planilla o por contratos, que siguen recibiendo elevados ingresos. El cuerpo consular, por ejemplo, no ha sido ajustado y menos reglamentado, y siguen muchos privilegiados recibiendo altas sumas de dinero que la ciudadanía entera ha venido criticando por mucho tiempo.
No hay duda que las intenciones del gobierno pueden ser buenas, como así lo creo; pero la forma en hacer las cosas, con apuro, no me parecen las mejores. Si en este proyecto de reformas no hay flexibilidad y no se le hacen ciertos cambios, ellas serán nocivas a mediano y largo plazo para el desarrollo de Panamá. Es cierto que estamos registrando una bonanza económica y que ella no ha mejorado las condiciones de vida de más de la mitad de los panameños y que esta riqueza sigue manteniéndose en los bolsillos de unos pocos. Que los que más ganan sean los que contribuyan en mayor cantidad, pero permitamos que esa ganancia se dé. "Comámonos los huevos, pero no matemos la gallina". Esta debe ser la filosofía económica de la nación y no otra.

101 años de Panamá América

 
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