Las reformas son un hecho cumplido
Dado que el PRD tendrá la mayoría absoluta en la Asamblea Legislativa que se instalará el 1 de septiembre próximo, la segunda aprobación del Acto Legislativo que reforma la Constitución Política será cuestión de mero trámite. En un trabajo de mayor extensión que publicaré posteriormente, me ocuparé de analizar de manera más detallada cada una de las reformas aprobadas.
Por ahora, voy a concentrarme en una valoración general, desde un punto de vista estrictamente político, del ejercicio cumplido por la Asamblea que está a punto de culminar su gestión.
Durante todo el proceso previo, que duró varios años, fueron muchas las opiniones y posiciones que se expresaron públicamente sobre la reforma de la Constitución. La más radical fue que debía adoptarse una "nueva Constitución", por una Asamblea Constituyente. Siempre nos opusimos a esa vía, por considerarla inconveniente, dado su extraordinario costo, tanto económico como político. Y, además, por carecer de sustentación conceptual. Las Constituciones nuevas sólo son posibles cuando un Estado cambia su orientación ideológica. Y ese no es el caso de Panamá.
También sostuve muchas veces que las reformas sustantivas que necesitaba nuestra Carta Política no eran muy extensas. Y todavía lo sigo considerando. Entre las reformas aprobadas hay sólo un puñado de verdadera sustancia. Infortunadamente en el Acto Legislativo aprobado en las sesiones extraordinarias hay bastante de contenido cosmético y algunos acomodos personales que no comparto. De ellos, ya anuncié arriba, me ocuparé de manera más específica en otro momento. Ahora me interesa destacar que la reforma sólo respondió parcialmente a la aspiración principal de la ciudadanía, que demandaba cambios más profundos en la propia Asamblea Legislativa, comenzando por una reducción mayor del número de Legisladores o Diputados, como se les volverá de denominar. Como demostré en un artículo anterior, en proporción a su población Panamá tiene, de lejos, más legisladores por habitante que todos los países de nuestro entorno centroamericano.
Igualmente, es lamentable que el sistema político no se abriera para estimular mayor competencia y propiciar un espectro más amplio de candidaturas, mediante la postulación libre para el cargo de Presidente de la República; que debió complementarse con el establecimiento de la doble vuelta, como existe en un buen número de países del continente.
Por otra parte, sigo considerando que debió volverse a los circuitos provinciales y comarcales, que harían más selectivo el escogimiento de los Diputados y, además, contribuiría a reducir el efecto perverso de los residuos.
Finalmente, por ahora, aunque no era partidario de incluir la tercera vía de la Asamblea Constituyente, creo que la fórmula adoptada neutraliza la posibilidad de que se la pueda convocar alegremente. Por la cantidad de firmas que se requerirían para convocarla, ello sólo ocurrirá si efectivamente existe una profunda crisis política y social, que justifique ese procedimiento tan extraordinario. Una asamblea constituyente siempre debe entenderse como un hecho político, al que se llega porque la sociedad en crisis no tiene otra forma de salida. Y, esa, como yo la veo, no es la situación en que se encuentra Panamá, no importa que, de cuando en cuando, entre nosotros también contemos con unos cuantos "profetas del Apocalipsis".
No olvidamos que el Primer Encuentro de dirigentes guaymíes reunidos en "Kena Wadab"ti" ("El Primer Llano" o "Altos de Jesús"), provincia de Veraguas, exigieron al Presidente de la República de Panamá la definición de su comarca, para evitar el despojo de sus tierras y la destrucción de su unidad cultural.
No olvidamos que Panamá fue admitida en el Movimiento de Países No Alineados.
No perdonamos que se convirtiera en punta de lanza del imperialismo norteamericano en el conflicto centroamericano.
El 4 de agosto de 1989, el ejército de Estados Unidos de América realizó las maniobras militares "Night Hawk" en el área de Amador, como parte de los ejercicios de intimidación contra el pueblo panameño.
Estos ejercicios militares se llevaron a cabo durante todo el período previo a la invasión del 20 de diciembre de ese año.
(pastorja@yahoo.com)
Por ahora, voy a concentrarme en una valoración general, desde un punto de vista estrictamente político, del ejercicio cumplido por la Asamblea que está a punto de culminar su gestión.
Durante todo el proceso previo, que duró varios años, fueron muchas las opiniones y posiciones que se expresaron públicamente sobre la reforma de la Constitución. La más radical fue que debía adoptarse una "nueva Constitución", por una Asamblea Constituyente. Siempre nos opusimos a esa vía, por considerarla inconveniente, dado su extraordinario costo, tanto económico como político. Y, además, por carecer de sustentación conceptual. Las Constituciones nuevas sólo son posibles cuando un Estado cambia su orientación ideológica. Y ese no es el caso de Panamá.
También sostuve muchas veces que las reformas sustantivas que necesitaba nuestra Carta Política no eran muy extensas. Y todavía lo sigo considerando. Entre las reformas aprobadas hay sólo un puñado de verdadera sustancia. Infortunadamente en el Acto Legislativo aprobado en las sesiones extraordinarias hay bastante de contenido cosmético y algunos acomodos personales que no comparto. De ellos, ya anuncié arriba, me ocuparé de manera más específica en otro momento. Ahora me interesa destacar que la reforma sólo respondió parcialmente a la aspiración principal de la ciudadanía, que demandaba cambios más profundos en la propia Asamblea Legislativa, comenzando por una reducción mayor del número de Legisladores o Diputados, como se les volverá de denominar. Como demostré en un artículo anterior, en proporción a su población Panamá tiene, de lejos, más legisladores por habitante que todos los países de nuestro entorno centroamericano.
Igualmente, es lamentable que el sistema político no se abriera para estimular mayor competencia y propiciar un espectro más amplio de candidaturas, mediante la postulación libre para el cargo de Presidente de la República; que debió complementarse con el establecimiento de la doble vuelta, como existe en un buen número de países del continente.
Por otra parte, sigo considerando que debió volverse a los circuitos provinciales y comarcales, que harían más selectivo el escogimiento de los Diputados y, además, contribuiría a reducir el efecto perverso de los residuos.
Finalmente, por ahora, aunque no era partidario de incluir la tercera vía de la Asamblea Constituyente, creo que la fórmula adoptada neutraliza la posibilidad de que se la pueda convocar alegremente. Por la cantidad de firmas que se requerirían para convocarla, ello sólo ocurrirá si efectivamente existe una profunda crisis política y social, que justifique ese procedimiento tan extraordinario. Una asamblea constituyente siempre debe entenderse como un hecho político, al que se llega porque la sociedad en crisis no tiene otra forma de salida. Y, esa, como yo la veo, no es la situación en que se encuentra Panamá, no importa que, de cuando en cuando, entre nosotros también contemos con unos cuantos "profetas del Apocalipsis".
No olvidamos que el Primer Encuentro de dirigentes guaymíes reunidos en "Kena Wadab"ti" ("El Primer Llano" o "Altos de Jesús"), provincia de Veraguas, exigieron al Presidente de la República de Panamá la definición de su comarca, para evitar el despojo de sus tierras y la destrucción de su unidad cultural.
No olvidamos que Panamá fue admitida en el Movimiento de Países No Alineados.
No perdonamos que se convirtiera en punta de lanza del imperialismo norteamericano en el conflicto centroamericano.
El 4 de agosto de 1989, el ejército de Estados Unidos de América realizó las maniobras militares "Night Hawk" en el área de Amador, como parte de los ejercicios de intimidación contra el pueblo panameño.
Estos ejercicios militares se llevaron a cabo durante todo el período previo a la invasión del 20 de diciembre de ese año.
(pastorja@yahoo.com)