Las sequías y la desertificación de Azuero
La progresiva destrucción del hábitat ecológico constituye uno de los problemas más graves que enfrenta la humanidad. La degradación del hábitat en casi todo el globo terráqueo, es considerada por los organismos ecológicos mundiales como una verdadera debacle ambiental. En nuestro país, la distribución de la fauna y la flora ha sido abruptamente modificada en las últimas tres décadas. Quizá en algunas regiones haya sido más dramática que en otras. Sin el ánimo de exagerar, el mapa de la flora en el país ha sufrido un verdadero colapso, producto de la depredación humana en los últimos treinta años. Esta depredación tiene variadas fuentes de generación y desastrosas consecuencias.
Por un lado, el latifundismo y, por el otro, la búsqueda de tierras fértiles ha conducido a cientos de miles de campesinos a migrar hacia zonas boscosas, con abundante precipitación pluvial. Esta migración supone una paradoja. La promesa de un mejor futuro para su familia, pero a la vez un desastre para el entorno ecológico. La destrucción de la flora, la contaminación de ríos, arroyos y la degradación de los suelos han creado un verdadero desequilibrio en los ciclos reproductivos de muchas especies, la desaparición de otras y la alteración de la cadena alimentaria, para las que aún perviven en tan precarias condiciones.
Un reciente viaje a las provincias centrales del país, nos dio la oportunidad de observar, a simple vista, los efectos de la estación seca, que se inició en noviembre para algunas zonas. Desde la altura de Campana hasta Llano de Piedra, la vegetación refleja los efectos de la ausencia de lluvias. El panorama no puede ser más preocupante. Es una región predominantemente ganadera y agrícola, por lo cual la urgencia de agua, es fundamental para el mantenimiento del forraje y pastos. Nuestro recorrido incluyó Las Tablas, Loma Bonita y todos los poblados a lo largo de la carretera hasta Llano de Piedra. Encontrar verdor es un milagro.
222 La resequedad ahoga y clama por una remojada. Los pozos han empezado a perder nivel y presión y es inminente cavar a mayor profundidad.
En todos los sitios vimos la devastación y la resequedad, y los animales en busca de agua y de pastos. La gente muy preocupada por el temor a perder el producto de años de sacrificio y trabajo. El resultado de la acción implacable del hombre sobre la naturaleza ha empezado a revertir en negativo. No hay un solo cauce de arroyo o quebrada que tenga agua y el que lo tiene parece tan contaminada que es difícil imaginar las consecuencias que tendría un Niño que se quedase hasta mediados del año como ocurrió hace unos cinco o seis años.
El llamado arco seco es más que eso. La resequedad ahoga y clama por una remojada. Los pozos han empezado a perder nivel y presión, y es inminente la necesidad de cavar a mayor profundidad. El asunto no es desde cuándo y por qué este fenómeno se viene incubando y quiénes son los responsables del mismo. Sabemos a qué nivel global se está produciendo, lo que se ha denominado el cambio climático global, que en unas regiones implica severas y graves inundaciones y en otras tremendas y terríficas sequías. Lo que está ocurriendo en nuestro país, es desde todo punto de vista más que preocupante, por lo que hemos leído y visto que ha ocurrido, en vastas regiones de África y Asia, que otrora hace dos o tres décadas eran zonas de gran precipitación pluvial.
Normalmente, cuando se producen inundaciones, nos llaman poderosamente la atención, por lo dramático y repentino de su forma de ocurrir. Sus consecuencias son de gran impacto y demandan atención inmediata.
Los desplazados, afectados, damnificados y desaparecidos claman por atención de un día para el otro, pero la forma de manifestarse el fenómeno de la sequía y debido a que no impacta a los asentamientos o poblados tan repentinamente, como aquélla, pareciera no llamar la atención, sino cuando ya los efectos son altamente costosos.
En nuestro caso, para quienes residimos en la capital, el encuentro con esta realidad nos mueve a consideraciones de asombro y termina por preocuparnos, en la medida que quienes apuestan al trabajo y al progreso y trabaja en situación tan precaria, requieren ayuda, que ojalá les llegue oportunamente.
Por cierto que no vimos aves, sólo las de rapiña y aseo, señal evidente del desatre, por ahora silenciosamente. La inteligencia natural y ambiental debe llevarnos a mirar con extrema preocupación lo que este fenómeno, que no es exclusivo de las provincias centrales, pero que se acentúa más en algunas e importantes regiones del país y que sin ser un experto ni mucho menos pretenderlo, podría definirlo como una especie de progresiva desertificación, tal como lo es Sarigua.
Me pregunto si existen alternativas de embalses de mayor magnitud que contribuyan a paliar los efectos de las sequías que, a juicio de los amigos santeños con quienes hablé, apenas se inicia. También me parece que los expertos en fitotecnia podrían señalar cuáles son las plantas y arbustos que podrían reforestar los prados ganaderos sin perjudicar su rendimiento. Sin pecar de adivino, no es difícil imaginar que de seguir el ciclo de sequías, cada año más severas, los efectos en la economía de la región y del país serán considerables e imponderables en lo social y ambiental.
* Psicólogo industrial y organizacional.
(anelpsi@hotmail.com)
Por un lado, el latifundismo y, por el otro, la búsqueda de tierras fértiles ha conducido a cientos de miles de campesinos a migrar hacia zonas boscosas, con abundante precipitación pluvial. Esta migración supone una paradoja. La promesa de un mejor futuro para su familia, pero a la vez un desastre para el entorno ecológico. La destrucción de la flora, la contaminación de ríos, arroyos y la degradación de los suelos han creado un verdadero desequilibrio en los ciclos reproductivos de muchas especies, la desaparición de otras y la alteración de la cadena alimentaria, para las que aún perviven en tan precarias condiciones.
Un reciente viaje a las provincias centrales del país, nos dio la oportunidad de observar, a simple vista, los efectos de la estación seca, que se inició en noviembre para algunas zonas. Desde la altura de Campana hasta Llano de Piedra, la vegetación refleja los efectos de la ausencia de lluvias. El panorama no puede ser más preocupante. Es una región predominantemente ganadera y agrícola, por lo cual la urgencia de agua, es fundamental para el mantenimiento del forraje y pastos. Nuestro recorrido incluyó Las Tablas, Loma Bonita y todos los poblados a lo largo de la carretera hasta Llano de Piedra. Encontrar verdor es un milagro.
222 La resequedad ahoga y clama por una remojada. Los pozos han empezado a perder nivel y presión y es inminente cavar a mayor profundidad.
En todos los sitios vimos la devastación y la resequedad, y los animales en busca de agua y de pastos. La gente muy preocupada por el temor a perder el producto de años de sacrificio y trabajo. El resultado de la acción implacable del hombre sobre la naturaleza ha empezado a revertir en negativo. No hay un solo cauce de arroyo o quebrada que tenga agua y el que lo tiene parece tan contaminada que es difícil imaginar las consecuencias que tendría un Niño que se quedase hasta mediados del año como ocurrió hace unos cinco o seis años.
El llamado arco seco es más que eso. La resequedad ahoga y clama por una remojada. Los pozos han empezado a perder nivel y presión, y es inminente la necesidad de cavar a mayor profundidad. El asunto no es desde cuándo y por qué este fenómeno se viene incubando y quiénes son los responsables del mismo. Sabemos a qué nivel global se está produciendo, lo que se ha denominado el cambio climático global, que en unas regiones implica severas y graves inundaciones y en otras tremendas y terríficas sequías. Lo que está ocurriendo en nuestro país, es desde todo punto de vista más que preocupante, por lo que hemos leído y visto que ha ocurrido, en vastas regiones de África y Asia, que otrora hace dos o tres décadas eran zonas de gran precipitación pluvial.
Normalmente, cuando se producen inundaciones, nos llaman poderosamente la atención, por lo dramático y repentino de su forma de ocurrir. Sus consecuencias son de gran impacto y demandan atención inmediata.
Los desplazados, afectados, damnificados y desaparecidos claman por atención de un día para el otro, pero la forma de manifestarse el fenómeno de la sequía y debido a que no impacta a los asentamientos o poblados tan repentinamente, como aquélla, pareciera no llamar la atención, sino cuando ya los efectos son altamente costosos.
En nuestro caso, para quienes residimos en la capital, el encuentro con esta realidad nos mueve a consideraciones de asombro y termina por preocuparnos, en la medida que quienes apuestan al trabajo y al progreso y trabaja en situación tan precaria, requieren ayuda, que ojalá les llegue oportunamente.
Por cierto que no vimos aves, sólo las de rapiña y aseo, señal evidente del desatre, por ahora silenciosamente. La inteligencia natural y ambiental debe llevarnos a mirar con extrema preocupación lo que este fenómeno, que no es exclusivo de las provincias centrales, pero que se acentúa más en algunas e importantes regiones del país y que sin ser un experto ni mucho menos pretenderlo, podría definirlo como una especie de progresiva desertificación, tal como lo es Sarigua.
Me pregunto si existen alternativas de embalses de mayor magnitud que contribuyan a paliar los efectos de las sequías que, a juicio de los amigos santeños con quienes hablé, apenas se inicia. También me parece que los expertos en fitotecnia podrían señalar cuáles son las plantas y arbustos que podrían reforestar los prados ganaderos sin perjudicar su rendimiento. Sin pecar de adivino, no es difícil imaginar que de seguir el ciclo de sequías, cada año más severas, los efectos en la economía de la región y del país serán considerables e imponderables en lo social y ambiental.
* Psicólogo industrial y organizacional.
(anelpsi@hotmail.com)