Las torturas de Sadam
Casi con alivio, los bagdaditas recibieron la publicación de las fotos de prisioneros torturados en la prisión de Abou Ghraib. "Todos los irakíes lo sabían; ahora, Occidente está obligado a saberlo también", dice Omar, ex militar sunnita de esta capital.
Durante dos días, las estaciones árabes de televisión que transmiten por satélite, con Al Jazira a la cabeza, han iniciado sus noticieros con estas imágenes y los han dedicado a las reacciones oficiales que han provocado.
Al Jazira no deja de mostrar la de uno de los miembros del Consejo Provisional de Gobierno (instalado por los estadounidenses), el jefe kurdo Talabani. Después de haber denunciado un poco formalmente estos "actos indignos", Žprecisó que, "para los irakíes, que conocieron cosas peores con Sadam Hussein, esto no tiene mucha importancia".
En Irak, todos están conscientes de ello, pero esta frase pronunciada ante las cámaras -y con una sonrisa- provocó gran malestar en unos y furia en otros, los partidarios de la resistencia.
El episodio dejó al desnudo la peligrosa brecha que, desde la "insurrección de abril", se ha abierto entre los sunnitas y los chiítas partidarios de Moqtada Sadr, entre éstos y los kurdos, única minoría importante que sigue aliada a los estadounidenses en Irak.
Algunos comentarios escuchados en las calles de Bagdad reflejan el desengaño. "¿Qué se podría esperar de los estadounidenses? ¡Así es su civilización!" Las élites más o menos pro estadounidenses explican por su parte que si las reacciones en Irak no han sido más violentas, "es porque todo el mundo sabe también que los medios árabes, y Al Jazira en particular, se cuidaron de denunciar en su momento las torturas más terribles practicadas en las prisiones de Sadam", como lo dice un profesor universitario chiíta. Hay otro tipo de reacción, la de los sunnitas de la provincia de Al Anbar sobre todo, que se indignan porque la denuncia de estos excesos practicados en la amplia prisión de Abou Ghraib esconde torturas "mucho peores" practicadas en los numerosos centros preliminares de recepción e interrogatorios.
Numerosos testigos coinciden, desde hace por lo menos siete meses, en decir que los prisioneros son maltratados, golpeados y torturados en forma sistemática, de manera real o simulada, en esos centros, donde son detenidos de dos a diez días antes de ser enviados a Abou Ghraib u otras prisiones.
"Lo peor está en Baghdadi", un centro de detención situado entre Ramadi e Hit, más al oeste. "Allí han muerto muchos y los cuerpos torturados son entregados a los familiares o echados a la calle", asegura un miembro del Partido Islámico, de tendencias sunnitas "moderadas", de Faluya. Recuerda el nombre de un irakí martirizado de esta forma, Nafe"Khalaf Ghabdan, pero todos en su torno conocen casos similares.
Sheikh Jalal, de 60 años, una de las autoridades religiosas más respetadas de Faluya, fue soltado el 28 de abril -en el marco de los acuerdos celebrados con los insurgentes- de la prisión de Abou Ghraib, donde estuvo detenido siete meses. Este sufi, que predica tanto la legitimidad de la resistencia como la necesidad del perdón, dice que a él nunca lo golpearon, contrariamente a lo que le ocurrió a su hijo: "Le rompían sillas en la espalda; fue soltado diez después, pero sigue sufriendo por esos golpes."
Dice también que muchos de sus compañeros de detención fueron "golpeados y humillados brutalmente; llevados desnudos de los interrogatorios" a las tiendas de detención, donde todo el tiempo "tenían hambre y sed, mientras que los detenidos por delitos del orden común comían como en palacio". Cuando se le preguntó si era cierto que los estadounidenses arrancaban las uñas, él respondió que no lo creía; "fue con Sadam cuando hacían eso".
El tampoco vio a las mujeres que supuestamente, "los estadounidenses detenían cuando no podían encontrar a sus maridos". Pero sí está seguro de que se encuentran en Abou Ghraib, "en las peores celdas, subterráneas y sin luz".
Durante dos días, las estaciones árabes de televisión que transmiten por satélite, con Al Jazira a la cabeza, han iniciado sus noticieros con estas imágenes y los han dedicado a las reacciones oficiales que han provocado.
Al Jazira no deja de mostrar la de uno de los miembros del Consejo Provisional de Gobierno (instalado por los estadounidenses), el jefe kurdo Talabani. Después de haber denunciado un poco formalmente estos "actos indignos", Žprecisó que, "para los irakíes, que conocieron cosas peores con Sadam Hussein, esto no tiene mucha importancia".
En Irak, todos están conscientes de ello, pero esta frase pronunciada ante las cámaras -y con una sonrisa- provocó gran malestar en unos y furia en otros, los partidarios de la resistencia.
El episodio dejó al desnudo la peligrosa brecha que, desde la "insurrección de abril", se ha abierto entre los sunnitas y los chiítas partidarios de Moqtada Sadr, entre éstos y los kurdos, única minoría importante que sigue aliada a los estadounidenses en Irak.
Algunos comentarios escuchados en las calles de Bagdad reflejan el desengaño. "¿Qué se podría esperar de los estadounidenses? ¡Así es su civilización!" Las élites más o menos pro estadounidenses explican por su parte que si las reacciones en Irak no han sido más violentas, "es porque todo el mundo sabe también que los medios árabes, y Al Jazira en particular, se cuidaron de denunciar en su momento las torturas más terribles practicadas en las prisiones de Sadam", como lo dice un profesor universitario chiíta. Hay otro tipo de reacción, la de los sunnitas de la provincia de Al Anbar sobre todo, que se indignan porque la denuncia de estos excesos practicados en la amplia prisión de Abou Ghraib esconde torturas "mucho peores" practicadas en los numerosos centros preliminares de recepción e interrogatorios.
Numerosos testigos coinciden, desde hace por lo menos siete meses, en decir que los prisioneros son maltratados, golpeados y torturados en forma sistemática, de manera real o simulada, en esos centros, donde son detenidos de dos a diez días antes de ser enviados a Abou Ghraib u otras prisiones.
"Lo peor está en Baghdadi", un centro de detención situado entre Ramadi e Hit, más al oeste. "Allí han muerto muchos y los cuerpos torturados son entregados a los familiares o echados a la calle", asegura un miembro del Partido Islámico, de tendencias sunnitas "moderadas", de Faluya. Recuerda el nombre de un irakí martirizado de esta forma, Nafe"Khalaf Ghabdan, pero todos en su torno conocen casos similares.
Sheikh Jalal, de 60 años, una de las autoridades religiosas más respetadas de Faluya, fue soltado el 28 de abril -en el marco de los acuerdos celebrados con los insurgentes- de la prisión de Abou Ghraib, donde estuvo detenido siete meses. Este sufi, que predica tanto la legitimidad de la resistencia como la necesidad del perdón, dice que a él nunca lo golpearon, contrariamente a lo que le ocurrió a su hijo: "Le rompían sillas en la espalda; fue soltado diez después, pero sigue sufriendo por esos golpes."
Dice también que muchos de sus compañeros de detención fueron "golpeados y humillados brutalmente; llevados desnudos de los interrogatorios" a las tiendas de detención, donde todo el tiempo "tenían hambre y sed, mientras que los detenidos por delitos del orden común comían como en palacio". Cuando se le preguntó si era cierto que los estadounidenses arrancaban las uñas, él respondió que no lo creía; "fue con Sadam cuando hacían eso".
El tampoco vio a las mujeres que supuestamente, "los estadounidenses detenían cuando no podían encontrar a sus maridos". Pero sí está seguro de que se encuentran en Abou Ghraib, "en las peores celdas, subterráneas y sin luz".