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Las trampas contables del gobierno


Cuando en enero el presidente presenta su presupuesto anual, siempre se discute y se analiza, pero en realidad es el Congreso que decide cómo se divide el pastel y es raro que se ajuste a los deseos presidenciales. Un informe mucho más informativo de las finanzas nacionales es el Reporte Financiero del Gobierno de Estados Unidos, el cual es presentado algunos meses después. Pero, lamentablemente, la prensa no suele interesarse mucho en este informe, a pesar de que revela mucho más sobre la lamentable situación de las finanzas nacionales que el presupuesto anual. El más reciente de estos informes fue dado a conocer por el Departamento del Tesoro el 29 de marzo y se refiere al año fiscal 2001.
Este informe es de especial interés dado el escándalo de la empresa Enron y sus auditores Arthur Andersen. Durante meses, los congresistas de ambos partidos se han estado dando golpes de pecho, escandalizados por las maniobras contables de Enron, en las que ayudaron sus auditores. Casi a diario venimos oyendo a los políticos denunciar las prácticas contables que permitieron esa debacle y exigiendo cárcel para los culpables.
Pero los miembros del Congreso serían menos críticos de lo sucedido si supieran que el gobierno federal es responsable de deficiencias contables mucho peores de las que produjeron la caída de Enron. Eso está claramente documentado en el Reporte Financiero. Como el Congreso es en realidad la junta directiva del gobierno, también es el responsable, en última instancia, por esa situación y sus consecuencias.
La parte más interesante del Reporte es la opinión del Contralor General sobre su exactitud y acatamiento de los principios contables generalmente aceptados. Ese funcionario dirige la Oficina General de Contabilidad (GAO, por sus siglas en inglés), la cual audita al gobierno desde 1921. Esa posición la ocupa actualmente David Walker.
En su presentación, el Sr. Walker critica acerbamente los métodos contables del gobierno federal, los controles y la incapacidad de ofrecer información aceptable aun bajo normas mínimas de precisión, puntualidad y comparación.
La peor contabilidad la presenta el Departamento de Defensa, lo cual no es sorprendente por ser el mayor comprador de bienes y servicios, está dividido en tres servicios diferentes -el ejército, la naval y la aviación- que compiten por el presupuesto asignado, tienen requerimientos muy diferentes y mucho de lo que compran se destruye con el uso normal que se les da. Por tales razones, Defensa, desde hace tiempo, ha sido un profundo agujero negro desde el punto de vista contable. Sus problemas administrativos son viejos, grandes y complejos.
Pero el Departamento de Defensa está lejos de ser el único problema de la contabilidad gubernamental. Los contribuyentes americanos que en estos días están dedicándole muchas horas y mucho cuidado a sus declaraciones de impuestos, temiendo una auditoría si se equivocan por unos centavos, les interesaría saber que el Impuesto Sobre la Renta es otra agencia gubernamental considerada seriamente deficiente por la GAO.
Las principales áreas donde la GAO consigue grandes cantidades de problemas contables son la desaparición de propiedades, plantas y equipos. A menudo es imposible determinar el costo exacto de préstamos y de las garantías dadas sobre préstamos, especialmente en el Departamento de Agricultura. Inmensas obligaciones contingentes, tales como limpieza del medio ambiente y futuros beneficios de salud son imposibles de precisar. Y muchas transacciones financieras entre diferentes organismos oficiales lejos de cuadrar muestran grandes diferencias.
Pero todo esto es apenas la punta del iceberg. Como el gobierno federal utiliza una contabilidad basada en efectivo, las obligaciones a largo plazo como Medicare (subsidio médico a los ancianos) y las pensiones del Seguro Social no están reflejados en la contabilidad. El costo de cosas como el seguro de los depósitos bancarios no aparece por ninguna parte, a pesar que el gobierno tuvo que darle frente a un desembolso de 130 mil millones de dólares hace unos años, a raíz de la crisis de las entidades de ahorro y préstamo.
Una lectura cuidadosa del Reporte Financiero nos lleva a pensar que tanto Enron como Arthur Andersen son modelos de honestidad contable si los comparamos con el gobierno federal. Esto no es excusa de actuaciones ilegales o poco éticas, pero los congresistas que están denunciando tales prácticas debieran preocuparse mucho más por aquéllas donde ellos mismos corren con la responsabilidad.
*Economista y académico del National Center for Policy Analysis (NCPA).
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