Las verdades alteradas
A estas alturas del siglo XXI no creo que alguien pueda dudar del papel fiscalizador de los medios de comunicación sobre las acciones del gobierno y de los particulares, si éstas pueden afectar los intereses de la mayoría. Sin embargo, todo en exceso es malo (excepto la salud) y cuando alguien abusa de un derecho se incurre en una acción perjudicial para otros; e incluso, en los términos estrictos del derecho privado, acarrea una responsabilidad, por lo menos civil, por el daño que se cause.
La responsabilidad de quienes informan a la población es muy alta; no sólo porque son los formadores de la opinión pública si no porque una vez dicha una noticia es imposible retrotraer la situación anterior a ello porque la primera información que nos llega sobre una materia suele ser la que normalmente guía nuestros demás pensamientos sobre ésta, aún si posteriormente nos llega una información contraria.
En la última semana hemos observado impávidos como una persona que fue víctima de una acción delictiva; por obra y gracia de comentarios tendenciosos y malintencionados en varios medios de comunicación; se fue transformando en culpable; todavía no tengo muy claro de que delito, pero en fin culpable.
Desde que ejerzo como diplomático he podido corroborar más de una imprecisión que se ha publicado en los periódicos o que se ha dicho en la radio o televisión; un caso claro fue el viaje de la Sra. Presidenta a la Cumbre de jefes de Estado que se desarrolló en Madrid, en marzo de este año; donde la mayoría de la información que se publicó en los medios fue completamente divorciada de la realidad; a pesar de ello, pensé que este proceder se podía justificar en que es preferible excesos de libertad que excesos en la censura.
El caso del hurto en la residencia de la Lic. Xiomara Sánchez a sacado a relucir la peor cara de algunos comunicadores que comenzaron a festinar con el hecho simplemente por que averiguaron que era una funcionaria de la Presidencia; ya que inicialmente desconocían su identidad, olvidando que fue ella a quien le robaron y que estaban agravando una situación de por sí incómoda, como es sufrir un robo.
Revisando una y otra vez las motivaciones que llevaron a que decir tantas mentiras no puedo más que concluir que lo que se quiere es manchar la gestión gubernamental y ha sido en ese afán de querer probar de cualquier manera la existencia de corrupción en el gobierno; que tomaron una situación de carácter privado y la han transformado en un circo, al llenar el hecho de falsedades que lo hacen vendible. El problema es que en esta ocasión se ha jugado con la dignidad y el buen nombre de una funcionaria pública honesta y de su familia; lo que constituye una notable falta de ética por parte de los comunicadores que han festinado con ello.
Definitivamente que mi afán en este momento, no va dirigido a que se rectifique en los medios las barbaridades dichas en el caso de la Lic. Sánchez, que sería lo más correcto, pero sé que no lo harán; por lo que mi llamado va más bien dirigido a que en adelante los encargados, de las cosas que se publiquen, tengan más cuidado; porque lo único que consiguen diciendo falsedades es que pongamos en duda lo que nos digan. Personalmente la próxima vez que lea una acusación contra un funcionario dudaré de su veracidad y, con todo respeto, les recomiendo a quienes lean este escrito que también lo hagan.
*Agregado de la Embajada de Panamá en España
La responsabilidad de quienes informan a la población es muy alta; no sólo porque son los formadores de la opinión pública si no porque una vez dicha una noticia es imposible retrotraer la situación anterior a ello porque la primera información que nos llega sobre una materia suele ser la que normalmente guía nuestros demás pensamientos sobre ésta, aún si posteriormente nos llega una información contraria.
En la última semana hemos observado impávidos como una persona que fue víctima de una acción delictiva; por obra y gracia de comentarios tendenciosos y malintencionados en varios medios de comunicación; se fue transformando en culpable; todavía no tengo muy claro de que delito, pero en fin culpable.
Desde que ejerzo como diplomático he podido corroborar más de una imprecisión que se ha publicado en los periódicos o que se ha dicho en la radio o televisión; un caso claro fue el viaje de la Sra. Presidenta a la Cumbre de jefes de Estado que se desarrolló en Madrid, en marzo de este año; donde la mayoría de la información que se publicó en los medios fue completamente divorciada de la realidad; a pesar de ello, pensé que este proceder se podía justificar en que es preferible excesos de libertad que excesos en la censura.
El caso del hurto en la residencia de la Lic. Xiomara Sánchez a sacado a relucir la peor cara de algunos comunicadores que comenzaron a festinar con el hecho simplemente por que averiguaron que era una funcionaria de la Presidencia; ya que inicialmente desconocían su identidad, olvidando que fue ella a quien le robaron y que estaban agravando una situación de por sí incómoda, como es sufrir un robo.
Revisando una y otra vez las motivaciones que llevaron a que decir tantas mentiras no puedo más que concluir que lo que se quiere es manchar la gestión gubernamental y ha sido en ese afán de querer probar de cualquier manera la existencia de corrupción en el gobierno; que tomaron una situación de carácter privado y la han transformado en un circo, al llenar el hecho de falsedades que lo hacen vendible. El problema es que en esta ocasión se ha jugado con la dignidad y el buen nombre de una funcionaria pública honesta y de su familia; lo que constituye una notable falta de ética por parte de los comunicadores que han festinado con ello.
Definitivamente que mi afán en este momento, no va dirigido a que se rectifique en los medios las barbaridades dichas en el caso de la Lic. Sánchez, que sería lo más correcto, pero sé que no lo harán; por lo que mi llamado va más bien dirigido a que en adelante los encargados, de las cosas que se publiquen, tengan más cuidado; porque lo único que consiguen diciendo falsedades es que pongamos en duda lo que nos digan. Personalmente la próxima vez que lea una acusación contra un funcionario dudaré de su veracidad y, con todo respeto, les recomiendo a quienes lean este escrito que también lo hagan.
*Agregado de la Embajada de Panamá en España