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Las víctimas del Corredor Norte


En innumerables ocasiones colmamos espacio de nuestras páginas para registrar la tragedia de los humildes vecinos de San Miguelito aquejados por la construcción de un ramal del Corredor Norte que comunicará a la Transístmica, área de Tinajitas, con la vía a Tocumen. Fotografías, notas, quejas, protestas y paros, forman parte de una historia documentada prolijamente.
Entre la constructora PYCSA y el Ministerio de Obras Públicas, fueron negociando la indemnización y traslado de las viviendas y edificaciones afectadas por el paso de la carretera. En ambos procesos, construcción y negociación, se trabajaba simultáneamente, pero con mayor avance en la primera. La consecuencia fue que, mientras se conversaba con los vecinos, los tractores iban virtualmente echando sus palas sobre las frágiles casas y empujando enormes colinas de material sobre escuelas y edificios.
En una ocasión tomamos fotos en la que varias casas situadas a escasos metros de la carretera que se elevaba varios metros sobre sus techos, era invadida por tierra y rocas, poniendo en peligro la vida e integridad física de su ocupante, además de sus bienes. Fuera de eso, era lastimoso observar a señoras ancianas escalar desde sus viviendas hacia la carretera en construcción, para atravesarla, como hacían desde siempre, antes de que se interpusieran las obras.
Se quejaban de la indemnización, tanto de su cuantía como de la tardanza en hacerla efectiva. En ocasiones, era todo lo contrario, a viviendas que debían ser desalojadas por el evidente peligro, se les negaba la indemnización, pese a la evidente alteración de las condiciones de vida.
Lo ocurrido a los tres niños que fallecieron el domingo pasado tras el derrumbe de un muro de contención de tierra era previsible. Comunidad y tractores conviviendo a diario, en un juego de muerte. Hay que hacer las investigaciones. No pudimos notar la presencia de barras de acero reforzando la pared de bloques que se derrumbó. ¿Por qué no haber cercado el área de peligro antes de que ocurriera la desgracia?
La responsabilidad va de la mano de la constructora y del Ministerio de Obras Públicas. A nuestro juicio, la comunidad dio advertencia de sobra del peligro y no se le prestó oídos. Los medios de comunicación fuimos testigos que presagiamos y advertimos lo ocurrido. Pueda ser que se tomen medidas para que esa carretera, tan necesaria, no cobre una sola vida más.
c) La faceta profética.
La faceta litúrgica es aquella que se relaciona con la participación activa y militante del cristiano en los oficios religiosos.
La social es la que tiene que ver con tenderle la mano al más desvalido o necesitado (acompañar o educar a los pobres y excluidos, visitar a los enfermos y a los detenidos, etc.)
Y la faceta profética es en torno a la denuncia de las injusticias. Esas son las tres facetas con las cuales ha cumplido 100% el misionero español Francisco Aperador en Panamá, desde hace dos años, como miembro laico de la Pastoral Social de Cáritas, dedicado a la educación y acompañamiento de los campesinos y campesinas de la mal llamada Cuenca Occidental del Canal, donde la Autoridad del Canal de Panamá (ACP) pretende ejecutar un nocivo proyecto que, en el fondo, responde a los intereses del gran capital internacional y de las multinacionales navieras, en detrimento de los nacionales, al pretenden inundar tierras pertenecientes al campesinado asentado en esta región.

101 años de Panamá América

 
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