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Latazo, crítica y matices


Hay suficientes elementos que permitirían abrir un informe definitivo y bien documentado sobre lo que realmente le sucedió -en los carnavales- a la candidata oficial del PRD, Balbina Herrera, pues lo ocurrido fue público y ante numerosos testigos. Pero lo que sólo se sabe es que recibió un fuerte golpe en la cara por una lata que le lanzaron; que ella admitió conocer al agresor con quien habló. Y la lata, que le dejó una herida de consideración en el rostro, ha dejado muchas preguntas sin responder, entre ellas la más importante: ¿Quién es el agresor?, y ¿por qué se le protege? Sin embargo, la historia está llena de contradicciones, ya que ha sido matizada, disminuida y coloreada.

Los asesores más cercanos a la campaña de la señora Herrera tienen ante sí la responsabilidad legal y moral de aclarar los hechos. Es el único camino que permitirá  restablecer la credibilidad y la transparencia de su actuación pública. Lo sucedido no ocurrió en el ámbito privado de una casa y, por ende, es competencia de las autoridades intervenir e investigar.

Resulta inaceptable que los asesores de la candidata no comprendan que la ley no debe ser aplicada con discrecionalidad. Pues, mientras el agresor en este caso se le protege con el anonimato, en tantos otros casos parecidos, aquellos que a diario las cámaras de televisión nos transmiten, y que son hechos similares, los agresores son expuestos sin pudor a la opinión pública. La candidata debe entender que esto no es "justicia igual para todos".

Es un grave hecho que al culpable de la afrenta se le mantenga en el anonimato sin que asuma la responsabilidad de sus actos. Por otra parte, si el gobierno poseyera una mínima coherencia de justicia, sabría que no sólo la candidata fue agraviada, sino que la autoridad institucional del país ha sido severamente lesionada.

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