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Latinoamérica ya no es la misma


Cuando era niño, a mis amigos y a mí nos encantaba jugar baloncesto. Eramos el grupo de los "chiquitos" y, cuando jugábamos contra los mayores, éstos siempre nos ganaban y avasallaban. Pero, el implacable paso del tiempo hizo su trabajo y las cosas fueron cambiando. Un buen día, durante un partido, uno de los mayores creyó que podía seguir tratándonos como antes, pero la cosa fue diferente. No sólo les ganamos el partido sino que, uno de mis compañeros, ante su intento de atropellarlo como solía hacer en el pasado, se le paró firme de "tú a tú". Aquél, sorprendido y asustado preguntó:

-¿Pero qué es lo que pasa?

-Es que ya no soy el mismo chiquillito de antes.

Esa anécdota se asemeja a la actitud de Estados Unidos hacia Latinoamérica. Siempre ha abusado de nosotros, despreciado, aprovechado y se considera superior. Pero los tiempos cambiaron y hemos avanzado enormemente. Lo vemos en la ciencia, medicina, tecnología, deportes, finanzas, lo militar, la política; en fin, en casi todos los campos. Para dar sólo unos ejemplos, aparte de lo que sucede en nuestros propios territorios, hoy en día muchos latinoamericanos ocupan importantes posiciones en industrias, bancos y otras empresas estadounidenses.

Algo similar sucede en universidades que tienen excelentes catedráticos dictando clases, y nos sorprenderíamos al conocer el número de exitosos médicos latinoamericanos laborando en hospitales y clínicas en los EE.UU. Los deportes están plagados de nuestras estrellas y cada vez hay más. Y aunque soy pacifista, debo mencionar los avances en lo militar y los ejemplos como los del ejército colombiano en el rescate de rehenes y en su lucha contra las guerrillas y el narcotráfico, que son notorios.

En la política, cada vez más latinoamericanos ocupan cargos de relevancia y, además, el voto latino es clave para muchos candidatos. Y estoy convencido que, en un futuro no muy lejano, la Presidencia de los Estados Unidos la ocupará alguien de ascendencia latinoamericana. También tenemos que mencionar la importancia de nuestros recursos naturales.

Sorprendentemente, los norteamericanos continúan subestimándonos y se niegan darle al talento latinoamericano el sitial que se merece. Su mentada política del "Buen vecino" nunca la han aplicado con sinceridad y, en vez de tratarnos como a sus verdaderos amigos y aliados, nos aplican la política del juega vivo, al estilo norteamericano. Y pareciera que no se dan cuenta que, poco a poco, el Coloso del Norte se está desmoronando.

Latinoamérica es un gigante dormido que está despertando y nuestros tradicionales amigos norteamericanos no nos dan el mérito que merecemos, lo que es una lástima porque, siendo Estados Unidos la gran potencia que es, si de modo franco estableciéramos una genuina alianza, nuestro continente sería, sin lugar a dudas, el más importante, poderoso y admirado del planeta.

Latinoamérica, por su parte, con todas sus virtudes y defectos, continúa avanzando.

101 años de Panamá América

 
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