Lavar los trapos sucios
En estas últimas semanas hemos sido testigos de las controversias verbales entre dirigentes de un partido político, disputas que no tuviesen mayor incidencia si no es porque se dan en un colectivo que se ha caracterizado por años en acatar líneas y demostrar unidad en sus objetivos.
Hay que recordar que la adhesión objetiva a una línea política se sustenta en elementos de forma y fondo. Cuando éstos, en las órdenes lineales, son trastocados, el alineado cumple por obligación más no por convicción; no es lo mismo actuar bajo el criterio de la responsabilidad que ejecutar en atención a la obligatoriedad. Una es voluntaria y la otra es impuesta.
El proceder de los miembros dentro de un colectivo político en un sistema democrático no puede ser impuesto; toda acción que esté fuera de las reglas democráticas vulnera derechos, genera disconformidad, resentimiento, rebeldías y, por último, desobediencia. La consulta es parte de los derechos democráticos.
¿Pero qué da derechos en un partido político? Los años de membrecía, la experiencia, la edad, el liderazgo, el dinero, el conocimiento, los pactos o el "juega vivo".
Formar parte de un colectivo político no implica renunciar a los derechos, y menos el de expresarnos. En este sentido, el derecho a opinar sobre la forma y fondo de las acciones lineales políticas lo han interpretado con el argot popular "los trapos sucios se lavan en casa"; sin embargo, todas la amas de casa saben que cuando hay trapos sucios es porque se han dejado acumular, y dependiendo de cuan sucios estén y el tiempo de su acumulación, expedirán olores no gratos, y lavarlos requerirá de mayor o menor esfuerzo.
El análisis es, desde qué momento se comenzaron a vulnerar derechos (falta de reconocimiento) y desde cuándo se ha acumulado suciedad en las formas y fondos de las decisiones internas (imposiciones), que las mismas dejaron de ser líneas políticas colegiadas y legítimamente aceptadas, para convertirse en órdenes de unos cuantos interesados.
En una casa organizada son mínimos los trapos sucios que se encuentran, y menos si se cuenta con trabajadores domésticos que mantienen al día la limpieza. ¿Será que las disconformidades proyectadas son la consecuencia de la desidia, o bien, la ambición ciega de quienes se han servido del calor popular y hogareño de este partido; comodidad que no les permitió ver la suciedad, moho y telaraña formados en el tiempo, que ahora les hiede y se les hace difícil lavarlas?