Le cortaron la lengua y le cerraron los ojos
El gobierno de Hugo Chávez dio el 5 de febrero el paso definitivo para convertir la televisión venezolana en una dependencia del Estado. En horas de la mañana de ese día, se completó el procedimiento administrativo que somete al control del gobierno a cuatro poderosos canales de televisión de cobertura nacional, con sede en Caracas, y a otro canal regional en el Estado Táchira. Chávez había calificado ya a la televisión venezolana como "instrumento de los golpistas" y públicamente anunció que serán revocadas las concesiones que permiten a empresas privadas manejar el espectro radioeléctrico. No ha vacilado en intentar fusilar la libertad de expresión, mientras el Secretario General de la OEA, César Gaviria, permanece en Caracas en un esfuerzo por facilitar las negociaciones entre el gobierno y la oposición e impedir una guerra civil.
El gobierno chavista no tuvo escrúpulo alguno en enviar a Venevisión a más de 300 matones inscritos en los llamados Círculos Bolivarianos, quienes llegaron a la planta en autobuses del gobierno, horas antes de que los llamados representantes de "la justicia revolucionaria" invadieran la empresa para iniciar el procedimiento administrativo que puede culminar con la desaparición de las cinco televisoras como empresas privadas.
Las compañías afectadas son, además de Venevisión, Radio Caracas TV (la más antigua), Televen, Globovisión (24 horas de noticias) y TRT Televisora Regional del Táchira. Chávez quiere una televisión y una radio exactamente igual a la "Constitución Bolivariana", un instrumento para gobernar "legalmente" a su manera. El autócrata está dando el paso definitivo para sumir a Venezuela en una dictadura: cortar la lengua de un pueblo, cerrarle los ojos a todo un país y taparle los oídos a la sociedad civil que ha demostrado, en su actual lucha, ser la mejor organizada y poderosa de América Latina. Pero Chávez acaba de cometer el mismo error de los militaristas japoneses en la II Guerra Mundial, cuando en Pearl Harbor destruyeron la flota norteamericana del Pacífico: despertaron a un gigante. Esta es una pelea decisiva de los venezolanos contra el malvado autoritarismo chavista.
* Analista político venezolano.
(c) www.aipenet.com
Por otro lado, los organismos internacionales de crédito y las calificadoras han señalado taxativamente que la calificación de riesgo que pudiera necesitar la ACP para futuras inversiones no se verá afectada por registrar su operación en las cuentas fiscales nacionales. El criterio de las calificadoras y bancos de inversión se basa en el estatus operacional de la entidad, el éxito que ha tenido su gestión, que debe mantener, e inevitablemente, en la calificación del país, dueño soberano de la ACP. Al contrario de lo que piensan quienes cuestionan la conveniencia o no de este tratamiento, para los expertos internacionales en estas materias, la incorporación en las cuentas fiscales de la operación del Canal de Panamá no sólo completa la visión real de país, sino que la mejora y por ende mejora también el nivel de riesgo país. Desde el punto de vista de la soberanía, que debe imperar en todos los actos del Estado, o de los resultados económicos y financieros para el país y la entidad, no es comprensible que alguien objete este registro, que por su naturaleza es obvio. Es por esto que entiendo que sólo se sustenta en el afán de hacer política partidista.
Quienes califican permanentemente con insultos, quienes se creen dueños de la verdad y quienes para emitir opiniones no profundizan en los temas, sino que miden los efectos de sus declaraciones en el entorno político partidista, no se deben sentir ofendidos y alegar irrespeto personal cuando se les señala, cuando en múltiples ocasiones han irrespetado a panameños tan dignos como ellos de diferir en sus opiniones.
Nuestros esfuerzos deben destinarse a que el Estado, como cada uno de sus entes autónomos, mejore su desenvolvimiento. Esto no se hace destruyendo. Por el contrario, nuestro fundamento debe ser la unidad en torno a la visión de nuestro país, dando prioridad al interés nacional mediante un diálogo constructivo, que posibilite la realización de nuestro potencial.
El gobierno chavista no tuvo escrúpulo alguno en enviar a Venevisión a más de 300 matones inscritos en los llamados Círculos Bolivarianos, quienes llegaron a la planta en autobuses del gobierno, horas antes de que los llamados representantes de "la justicia revolucionaria" invadieran la empresa para iniciar el procedimiento administrativo que puede culminar con la desaparición de las cinco televisoras como empresas privadas.
Las compañías afectadas son, además de Venevisión, Radio Caracas TV (la más antigua), Televen, Globovisión (24 horas de noticias) y TRT Televisora Regional del Táchira. Chávez quiere una televisión y una radio exactamente igual a la "Constitución Bolivariana", un instrumento para gobernar "legalmente" a su manera. El autócrata está dando el paso definitivo para sumir a Venezuela en una dictadura: cortar la lengua de un pueblo, cerrarle los ojos a todo un país y taparle los oídos a la sociedad civil que ha demostrado, en su actual lucha, ser la mejor organizada y poderosa de América Latina. Pero Chávez acaba de cometer el mismo error de los militaristas japoneses en la II Guerra Mundial, cuando en Pearl Harbor destruyeron la flota norteamericana del Pacífico: despertaron a un gigante. Esta es una pelea decisiva de los venezolanos contra el malvado autoritarismo chavista.
* Analista político venezolano.
(c) www.aipenet.com
Por otro lado, los organismos internacionales de crédito y las calificadoras han señalado taxativamente que la calificación de riesgo que pudiera necesitar la ACP para futuras inversiones no se verá afectada por registrar su operación en las cuentas fiscales nacionales. El criterio de las calificadoras y bancos de inversión se basa en el estatus operacional de la entidad, el éxito que ha tenido su gestión, que debe mantener, e inevitablemente, en la calificación del país, dueño soberano de la ACP. Al contrario de lo que piensan quienes cuestionan la conveniencia o no de este tratamiento, para los expertos internacionales en estas materias, la incorporación en las cuentas fiscales de la operación del Canal de Panamá no sólo completa la visión real de país, sino que la mejora y por ende mejora también el nivel de riesgo país. Desde el punto de vista de la soberanía, que debe imperar en todos los actos del Estado, o de los resultados económicos y financieros para el país y la entidad, no es comprensible que alguien objete este registro, que por su naturaleza es obvio. Es por esto que entiendo que sólo se sustenta en el afán de hacer política partidista.
Quienes califican permanentemente con insultos, quienes se creen dueños de la verdad y quienes para emitir opiniones no profundizan en los temas, sino que miden los efectos de sus declaraciones en el entorno político partidista, no se deben sentir ofendidos y alegar irrespeto personal cuando se les señala, cuando en múltiples ocasiones han irrespetado a panameños tan dignos como ellos de diferir en sus opiniones.
Nuestros esfuerzos deben destinarse a que el Estado, como cada uno de sus entes autónomos, mejore su desenvolvimiento. Esto no se hace destruyendo. Por el contrario, nuestro fundamento debe ser la unidad en torno a la visión de nuestro país, dando prioridad al interés nacional mediante un diálogo constructivo, que posibilite la realización de nuestro potencial.