Le llegó la hora a la basura
Meses atrás escribí que mientras no cambiáramos de mentalidad sobre el destino final de los desechos sólidos, seguiríamos enfrentando los problemas que la recolección de la basura implicaba para la ciudad capital y para la gran mayoría de las comunidades del país. Ante la incompetencia de seguir recogiéndola como si todavía estuviésemos en 1950, el Estado nuevamente administrara un problema heredado de muchos años atrás. Si bien su recolección es un asunto municipal, habiendo muchos lugares donde por su pobreza nadie puede un céntimo para que se la recojan, también es un asunto donde la Nación tiene responsabilidad.
Desde mucho tiempo atrás ha habido firmas de diversas nacionalidades interesadas en procesar nuestra basura, inclusive pagándole al Estado para que les otorgue esa privilegiada concesión. En 1989, al asumir como Alcalde, se trató inicialmente que bajo la dirección del Arquitecto Julio Rovi se convirtiera en lo que en muchas partes es la basura: un negocio rentable, una fuente de riquezas para la población y, sobre todo, en una operación amigable para el ambiente, propiciando el reciclaje. Mi amigo Rovi fue catalogado como loco y demasiado soñador. Ya en ese tiempo el reutilizar los desperdicios para convertirlos en riqueza se estaba imponiendo en todo el mundo civilizado; veinte años después la tecnología nos indica que es aún más fácil lograr ese objetivo.
Con lo que concretice en ese sentido sería ganancia para lograr un mejor ambiente ya que se eliminarían los problemáticos crematorios y los negocios de aparejarlos y compactarlos que siempre asumen los municipios, se mejoraría la calidad del ambiente porque al tratarse científicamente la basura habría menos posibilidad de contaminación, sobretodo en los pepenadores que viven de rebuscar la basura y quienes residen cerca de estos sitios, usualmente llenos de humo tóxico. Y sobretodo, se quitarían del camino los problemas que en manos públicas tienen todos estos asuntos: licitaciones amañadas, camiones dañados sin piezas, coimas, etc.
Así como me enteré como Alcalde de cómo se hace en ciudades como Madrid o Houston, así mismo quienes hoy tendrán la tarea de formar el nuevo Ente para tocar este tema, bien pueden servir de ejemplo otras ciudades de América Latina que han desarrollado sistemas, inclusive copiados por otras ciudades. Reitero mis recomendaciones de aquella vez inicial:
1. El problema de la basura no es para que lo manejen políticos. Es eminentemente técnico donde no hay que inventar nada: sólo basta con aprender como lo han resuelto en sitios hasta más gente que nosotros.
2. Debemos tener presente que la basura es una fuente de riquezas. Para ello debemos enseñar a todos a reciclar. Lo han hecho otras ciudades ¿por qué no lo podemos hacer nosotros?
3. Debemos disciplinarnos. En ciudades como Washington se recoge una sola vez por semana: eso sí, a una hora y día determinado y con la basura dividida para facilitar su reciclaje.