Lecciones de Nueva Orleáns
El alcalde de la ciudad, Ray Nagin, hablaba el jueves pasado de miles de muertos y de centenares de miles de damnificados. El 80% de la ciudad está inundada, mientras el agua sigue fluyendo desde una laguna vecina, luego que se rajaran sus diques. Un ingeniero informó que el nivel seguiría subiendo hasta emparejarse con el lago. Nueva Orleans está situada bajo del nivel del mar.
Los daños, que se estimaban al principio en $ 24 mil millones de dólares, se multiplican ahora por más de 10 dígitos, al punto que el gobierno federal hubo de contradecir la reacción inicial del presidente George Bush hijo, de que Estados Unidos podría solo con la crisis, para formular urgentes llamados de auxilio internacional. Un vocero del Departamento de Estado, Sean McCormack dejó claro, tras pedírsele su opinión sobre la donación de $ 1 millón en efectivo más suministros petroleros, por el gobierno de Hugo Chávez, de Venezuela, con quien el país atraviesa momentos de confrontación, que "ninguna oferta que pueda aliviar el sufrimiento de la gente en el área, será rechazada". En Cuba, un país curtido por el azote por los huracanes, el presidente Fidel Castro hacía un ofrecimiento similar que su homólogo de Venezuela, pero de médicos. La desgracia, une y el huracán Katrina dio así la primera lección a destacar.
Otra lección fue la asombrosamente lenta y deficiente preparación de la única super potencia mundial para reaccionar en casos de crisis extrema. Estamos sorprendidos y, seguramente, el pueblo norteamericano más que nosotros, del pobre desempeño de las medidas de protección civil, del Ejército y, en general, del gobierno norteamericano frente a la tragedia, de un golpe largamente anticipado, sobre todo después de los atentados del 11 de septiembre. El desastre evidenció el tremendo bache de seguridad que padece Estados Undidos. Lo ocurrido va a tener severas repercusiones políticas.
Finalmente, y no por ser la última, pero sí la principal, el huracán Katrina constituyó una sonora bofetada al rostro de las naciones más desarrolladas, las cuales todavía se niegan a suscribir el Protocolo de Kyoto para parar la contaminación de la atmósfera que está cambiando el clima del planeta.
Los daños, que se estimaban al principio en $ 24 mil millones de dólares, se multiplican ahora por más de 10 dígitos, al punto que el gobierno federal hubo de contradecir la reacción inicial del presidente George Bush hijo, de que Estados Unidos podría solo con la crisis, para formular urgentes llamados de auxilio internacional. Un vocero del Departamento de Estado, Sean McCormack dejó claro, tras pedírsele su opinión sobre la donación de $ 1 millón en efectivo más suministros petroleros, por el gobierno de Hugo Chávez, de Venezuela, con quien el país atraviesa momentos de confrontación, que "ninguna oferta que pueda aliviar el sufrimiento de la gente en el área, será rechazada". En Cuba, un país curtido por el azote por los huracanes, el presidente Fidel Castro hacía un ofrecimiento similar que su homólogo de Venezuela, pero de médicos. La desgracia, une y el huracán Katrina dio así la primera lección a destacar.
Otra lección fue la asombrosamente lenta y deficiente preparación de la única super potencia mundial para reaccionar en casos de crisis extrema. Estamos sorprendidos y, seguramente, el pueblo norteamericano más que nosotros, del pobre desempeño de las medidas de protección civil, del Ejército y, en general, del gobierno norteamericano frente a la tragedia, de un golpe largamente anticipado, sobre todo después de los atentados del 11 de septiembre. El desastre evidenció el tremendo bache de seguridad que padece Estados Undidos. Lo ocurrido va a tener severas repercusiones políticas.
Finalmente, y no por ser la última, pero sí la principal, el huracán Katrina constituyó una sonora bofetada al rostro de las naciones más desarrolladas, las cuales todavía se niegan a suscribir el Protocolo de Kyoto para parar la contaminación de la atmósfera que está cambiando el clima del planeta.