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Lecciones de Punta Mala


Mediante nota dirigida a la señora Presidenta solicitamos respetuosamente que nos autorizara visitar dicho inmueble, el cual, tras décadas de abandono y ruina desde que fue desocupado por el Ejército norteamericano, su Gobierno reconstruyó y habilitó como residencia oficial de descanso y atención de personalidades nacionales y extranjeras.
Contrario a lo que colige la señora presidenta, nuestras motivaciones no eran morbosas; tan sólo buscábamos recoger fotos e información sobre la residencia para preparar un reportaje gráfico e informativo sobre un bien público de indudable valor histórico, con el objetivo de detallar aspectos físicos y complementarlo con datos folclóricos, históricos y turísticos de la región.
Si nos hubiera movido la mala intención, habríamos solicitado además copia del registro de visitantes habituales y de quienes se han hospedado en la misma, con la presencia o no de la señora presidenta. Con miopía y falta de tacto, se nos respondió con negativa, con la excusa de "salvaguardar la estabilidad y seguridad nacional, representada en la integridad personal" de la mandataria.
Poco después de la negativa, al insitir nosotros en tomar desde un helicóptero vistas aéreas de la vedada residencia, pudimos percatárnos que el nivel de "seguridad" de lo que ocurre o se guarda en Punta Mala es tal, que se mantienen rigurosas restricciones de vuelo en torno a ella, las cuales son más estrictas que las vigentes para el Canal de Panamá. Y se nos forzó a desistir nuevamente de fotografiarla esta vez desde el aire.
Con la negativa pierden una excelente oportunidad para dar fin a los rumores sobre lo que hay y ocurre en Punta Mala, producto natural del desconocimiento. Es más, en el caso de nuestra negada solicitud, ni siquiera nos tenían que dar la exclusiva; bien pudieron haber aceptado e invitar a colegas de otros medios. En ese caso, aun a costa de nuestra exclusiva, el gobierno hubiera dado una muestra de amplitud y transparencia, y la ciudadanía hubiera quedado satisfecha. Pero hacer lo contrario no hace otra cosa que abonar a la especulación y, - entonces sí -, al morbo.
Por otra parte, la negativa y las subsecuentes declaraciones reflejan desconocimiento sobre la historia nacional y el papel de los medios de comunicación. Hasta el más recóndito espacio del Palacio de las Garzas ha sido objeto de cobertura en distintos gobiernos, ya sea por medios de comunicación o por publicaciones extraordinarias. Precisamente, uno de los primeros contactos que tuvo este diario con Ernesto Pérez Balladares luego de asumir la Presidencia fue precisamente visitar el área residencial del palacio presidencial.
Sobre la casa de Pérez Balladares en Punta Barco nunca preguntamos, ya que era asunto estrictamente personal; es decir, no era un bien público. Pero en cambio, reportamos sobre la casa construida con fondos públicos por el mismo mandatario en la comunidad de Unión Chocó, en la Comarca Emberá, tan pronto como nos enteramos de su existencia.
Y es que precisamente ese es uno de los papeles de todos los medios: mantener informada a la comunidad sobre lo que hacen los gobernantes con los recursos estatales. Puede que existan diferencias sobre cuáles actuaciones de los gobernantes deben estar bajo el examen de los medios y cuáles deben mantenerse al margen por razones de privacidad; pero no hay duda que el pueblo panameño tiene el derecho a conocer todos los detalles de una casa presidencial que es patrimonio público.
El papel de los medios no es mortificar a nadie sino tan solo informar sobre cualquier cosa de interés público. Los gobernantes debieran aprender a vivir bajo dicho escrutinio y aprovecharlo para proyectar transparencia a los gobernados y difundir su obra. Pero vivir en perenne estado de neurosis y secretismo, pensando en conspiraciones, sabotajes, tiraderas y demás, solo conducirá a más desaciertos y a empeorar su imagen.

101 años de Panamá América

 
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