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Lecciones de un congreso


Impulsar el desarrollo y el mejoramiento económico de los sectores productivos, fomentando la expansión del comercio, los servicios y las inversiones en nuestro país, es tarea que exige a la empresa privada coordinar sus esfuerzos con una administración efectiva de la justicia. Solucionar pronta y eficazmente las controversias mercantiles, surgidas por innumerables causas de la producción y adquisición de bienes y servicios, se ha convertido en requisito indispensable para el funcionamiento óptimo de cualquier economía competitiva. Naturalmente, a un Estado panameño cada vez más integrado socioeconómicamente a la comunidad internacional le es imposible incumplir con este importante requisito para el considerable beneficio de propios y extraños.

Teniendo a ese contexto internacional en mente, hace pocos días se celebró en Panamá un exitoso congreso de arbitraje internacional bajo los auspicios de la Corte Internacional de Arbitraje de la Cámara de Comercio Internacional (CCI). Organizado por el capítulo panameño de la CCI, entidad empresarial con sede en París, este congreso tuvo como tema central al impacto del desarrollo del arbitraje comercial internacional en América Latina.

A lo largo de sus reuniones se compartieron experiencias recientes sobre la práctica regional y la participación de partes procedentes del área en procesos arbitrales llevados a cabo en sedes extra-regionales. Destacados invitados internacionales trataron acerca del arbitraje de controversias de construcción e inversión, de las relaciones entre el proceso arbitral y los terceros, el rol de la justicia estatal frente a la justicia arbitral, planteando finalmente una serie de recomendaciones sobre el manejo eficaz de los arbitrajes comerciales internacionales.

La calidad de las presentaciones, al igual que la nutrida asistencia de participantes nacionales y extranjeros, convirtió a este congreso en la que bien pudiera ser la mejor actividad académica y profesional sobre arbitraje comercial internacional realizada en Panamá.

Pero el congreso no sólo demostró un interés creciente por esa actividad, sino también lo mucho que aún nos falta para convertir a Panamá en una sede atractiva a las partes de una controversia comercial internacional. Un panelista local, por ejemplo, destacó su preocupación por decisiones de la Sala Cuarta de Negocios Generales de la Corte Suprema de Justicia en recursos de nulidad presentados contra laudos arbitrales, las que en su opinión minan ese prospecto. Esto, incluso, sin advertir que el buen manejo de un proceso arbitral es responsabilidad primaria de los árbitros respectivos, no de la Corte Suprema.

En Panamá, los procesos arbitrales de naturaleza comercial internacional continúan siendo muy limitados. La reforma de la legislación vigente es, sin duda, una de las condiciones necesarias para brindar mayor confianza a quienes deseen dirimir sus controversias en territorio panameño. Sólo así nuestro país podrá ir transformando su potencial en realidad tangible, evolucionando hacia una sede de arbitraje comercial internacional que sea ampliamente reconocida en todo el mundo.

101 años de Panamá América

 
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