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Lecciones del caso Jones



Cualquiera de los que manejamos automóviles estamos expuestos a lo mismo. Vivimos en un ambiente que conspira contra el orden y propicia la anarquía. La Autoridad del Tránsito es un ente corrupto, producto del descarado contubernio de las mafias del sector con gente del Gobierno, dedicados ambos a la explotación de la coima, la rebusca y la extorsión en el negocio del transporte público. Es de todo, menos una entidad dedicada a procurar un tráfico humano y ordenado.
Lo ocurrido es trágico, pero a la vez representa una oportunidad para meditar sobre lo que está ocurriendo. Es una vergüenza e ironía que mientras hablamos y aspiramos a ser primer mundo, con la ampliación del Canal, sigamos tolerando la falta de aceras, deficiente iluminación, manejo desordenado, carros en mal estado, pitazos en exceso, discotecas rodantes, cafeteras haciendo de taxis, antros convertidos en buses, peatones de paseo por media calle, policías coimeros, maleantes conduciendo buses, pervertidos llevando estudiantes, falta de señales, violación de luces rojas, avenidas convertidas en pistas de fórmula uno, no se exige seguro obligatorio, los transportistas son inmunes a toda sanción, no hay puentes peatonales y cuando los hay la gente no los usa. ¿Qué más hace falta en ese cuadro tétrico? Los muertos y heridos.
No hay reglas claras. Una joven atropelló hace poco a un comunicador en Calle 50; se dio a la fuga y tiene una fianza. Carlos Jones colisiona y mata a dos y se le fija una fianza seis veces mayor que la primera. Hace un par de años, otra joven arrolla a una madre y su hijo que cruzaba una línea de seguridad en la Ricardo J. Alfaro; se va tranquila a la Universidad; sus padres maquillan el auto; van a juicio y ganan; madre e hijo difunto, fueron los culpables. En otro caso, un busero arremete contra una caseta de peajes en una autopista, vuela por los aires al deslizarse sobre una paredilla protectora del cobrador y cae de lleno sobre una pareja que aguardaba turno en su automóvil. Ambos mueren, pero el chofer no es detenido, ni hay fianza; es más, ya está manejando y lleva una veintena de choques con fuga posteriores. Otro arrolla a tres en una parada, dos mueren y el otro agoniza; no hubo fianza y ya está manejando de nuevo. En ese ambiente ¿Es válido linchar a Jones? Obviamente no, aunque deba responder si es culpable. Pero, igual que él, todos los demás. En la justicia selectiva está el problema, en la celeridad para unos e impunidad para otros.

101 años de Panamá América

 
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