Lecciones del referéndum
LO SUPERFICIAL siempre ha sido enemigo de la verdad o del conocimiento profundo. La corta etapa transcurrida desde mayo a octubre del año presente, que podemos calificar de Etapa Abierta del Canal, ha permitido que el panameño, por primera vez en la historia del siglo pasado o de algunas décadas últimas, haya pensado el Canal como algo propio.
Vivíamos con la imagen inconmovible del Canal norteamericano, que jamás consideramos como algo propio, ni siquiera como propiedad. Esos factores concurrentes en la historia panameño-norteamericana inesperadamente nos colocaron en el camino del Canal panameño, visualizado como bien propio desde 1977 y convertido casi inesperadamente y poco a poco, en una realidad protuberante desde fines de 1999.
Nunca fuimos un pueblo que pudiera pensar en que tuviéramos un suelo propio, de todo el pueblo en la historia de América. Una Oligarquía que manejó el país desde 1903 hasta la fecha, no pudo pensar jamás en el milagro de un Canal nacionalizado, ni siquiera cuando éste pasó a nuestras manos desde 1999. Incluso tomaron el Canal como una propiedad que sólo daba para vender tierras y edificios, a los capitalistas nacionales y extranjeros.
Mas el afán de obtener algunos milloncejos del Canal llevó a nuestros Gobiernos a organizarlo como el instrumento principal de sus acostumbrados enrriquecimientos abultados. Ahora se vio en la obligación de convocar a un Referéndum que creyó bajo su control, mientras el aumento inesperado de peajes abría una perspectiva inédita, no sólo borrosamente para la Oligarquía, sino borrosamente también para la totalidad de un pueblo que pasa por un hambre acostumbrada, pero al cual ante el planteamiento y la discusión del Referéndum sobre el destino del Canal, rápidamente pudo concebir la nueva idea, y lo nuevo era que en el Canal estaba un destino más justo para todos sus males y por ello surgieron grupos de clase media, frente a la categoría de poderosos, porque ese Referéndum debía comenzar por poner las bases de un usufructo más abierto, más popular y más nacional, en reemplazo de una ACP cicatera, ciega y que sólo pensaba en ella.
Hubo una razón concurrente en ese nuevo pensamiento y fue la desconfianza absoluta de nuestro pueblo en la finalidad del manejo gubernativo canalero en manos del Estado monopólico y por parte de Gobernantes conocidos que sólo pensaban en su beneficio egoísta.
Otros profesionales de clase media también concurrieron a formalizar sus grupos, pero aquí los poderosos económicamente corrieron a ordenar a sus adláteres que también formaran una fila de grupos y se inscribieron en mayor número que los de clase media.
Cualquiera sea el resultado del Referéndum del 22 de octubre, el pueblo panameño ha entendido que sólo en los dineros derivados del Canal está el camino de solución de los problemas nacionales, con equidad y con justicia. La naturaleza de la nueva situación social de rangos que hemos delineado, tiene en su base un cambio de muchos quilates, todavía algo informe, pero listo y decidido a continuar en su labor de rectificaciones populares. Ojalá lo sigamos sin violencias, que no vemos por qué podrían producirse, ahora que damos los primeros pasos para que el Canal sea verdaderamente, de todos los panameños, sin aprovechamientos de grupos privilegiados, y con el apoyo real y efectivo de las mayorías que comienzan a aleccionarse, por todo el país.
Vivíamos con la imagen inconmovible del Canal norteamericano, que jamás consideramos como algo propio, ni siquiera como propiedad. Esos factores concurrentes en la historia panameño-norteamericana inesperadamente nos colocaron en el camino del Canal panameño, visualizado como bien propio desde 1977 y convertido casi inesperadamente y poco a poco, en una realidad protuberante desde fines de 1999.
Nunca fuimos un pueblo que pudiera pensar en que tuviéramos un suelo propio, de todo el pueblo en la historia de América. Una Oligarquía que manejó el país desde 1903 hasta la fecha, no pudo pensar jamás en el milagro de un Canal nacionalizado, ni siquiera cuando éste pasó a nuestras manos desde 1999. Incluso tomaron el Canal como una propiedad que sólo daba para vender tierras y edificios, a los capitalistas nacionales y extranjeros.
Mas el afán de obtener algunos milloncejos del Canal llevó a nuestros Gobiernos a organizarlo como el instrumento principal de sus acostumbrados enrriquecimientos abultados. Ahora se vio en la obligación de convocar a un Referéndum que creyó bajo su control, mientras el aumento inesperado de peajes abría una perspectiva inédita, no sólo borrosamente para la Oligarquía, sino borrosamente también para la totalidad de un pueblo que pasa por un hambre acostumbrada, pero al cual ante el planteamiento y la discusión del Referéndum sobre el destino del Canal, rápidamente pudo concebir la nueva idea, y lo nuevo era que en el Canal estaba un destino más justo para todos sus males y por ello surgieron grupos de clase media, frente a la categoría de poderosos, porque ese Referéndum debía comenzar por poner las bases de un usufructo más abierto, más popular y más nacional, en reemplazo de una ACP cicatera, ciega y que sólo pensaba en ella.
Hubo una razón concurrente en ese nuevo pensamiento y fue la desconfianza absoluta de nuestro pueblo en la finalidad del manejo gubernativo canalero en manos del Estado monopólico y por parte de Gobernantes conocidos que sólo pensaban en su beneficio egoísta.
Otros profesionales de clase media también concurrieron a formalizar sus grupos, pero aquí los poderosos económicamente corrieron a ordenar a sus adláteres que también formaran una fila de grupos y se inscribieron en mayor número que los de clase media.
Cualquiera sea el resultado del Referéndum del 22 de octubre, el pueblo panameño ha entendido que sólo en los dineros derivados del Canal está el camino de solución de los problemas nacionales, con equidad y con justicia. La naturaleza de la nueva situación social de rangos que hemos delineado, tiene en su base un cambio de muchos quilates, todavía algo informe, pero listo y decidido a continuar en su labor de rectificaciones populares. Ojalá lo sigamos sin violencias, que no vemos por qué podrían producirse, ahora que damos los primeros pasos para que el Canal sea verdaderamente, de todos los panameños, sin aprovechamientos de grupos privilegiados, y con el apoyo real y efectivo de las mayorías que comienzan a aleccionarse, por todo el país.