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Lecciones del terremoto en El Salvador


Las laderas de Santa Tecla, suburbio de clase media de San Salvador, jamás esperaron que la naturaleza les jugara tan duro. A eso de las once y media de la mañana del sábado 13 de enero del 2001, un terremoto sacude la urbe. En el acto, las reservas de agua de un cerro colindante se descalabran y toneladas de lodo caen sobre el barrio, matando al instante a medio millar de personas. Tan impactante fue el asunto, que un camarógrafo de UNIVISI"N, tuvo la oportunidad de filmar en el interior de El Salvador, cuando de las carreteras se abrieron grietas, el polvo salió a chorros y las rocas cayeron de las laderas de los cerros.
Como hemos visto, El Salvador ha sufrido un sismo de 7.9 grados en la escala Richter. Unas 700 personas murieron y casi todas las muertes se debieron a los aludes de tierra y lodo que bajaron de los cerros cercanos a las urbanizaciones. Crea mucha preocupación cuando vemos que hay gente que viven cerca y sobre las laderas de cerros inestables en Arraiján y San Miguelito.
Es cierto. Panamá es vulnerable a estos fenómenos naturales. Ya, el 7 de septiembre de 1882, un terremoto sacudió al istmo, con la fuerza similar a la catástrofe en Centroamérica. Lo mejor sería no dormir en el sueño aquel que Panamá está libre de males como lo que acabamos de ver. Los edificios en la capital istmeña ya llegan a los 50 pisos y yo creo que esas estructuras no soportarían las ondas de un terremoto fuerte.
Podemos apostar que el 70% de los edificios en la ciudad de Panamá no están preparados para una sacudida mayor a los seis grados en la escala Richter. La Sociedad Panameña de Ingenieros y Arquitectos parece que no existe y no dice nada.
Una joven en un foro de "Latinol" me señalaba que un desastre sísmico en Panamá se provocaría cuando las inmensas torres en Punta Paitilla, Marbella, El Dorado se desmoronen con las sacudidas de un terremoto grande. Preguntaba si los ingenieros y arquitectos panameños en realidad construyeron estas edificaciones contra terremotos. Desafortunadamente, morirá mucha gente si tenemos la mala suerte de pasar por uno de estos desastres. No estamos ni preparados psicológicamente, ni tampoco creo que se hayan tomado las medidas de construcción (puentes y edificios) con la mayor seguridad.
El problema de la seguridad preventiva es un serio dilema, debido a que el Cuerpo de Bomberos, SINAPROC y la Cruz Roja Panameña no tienen mucha experiencia para enfrentar los desastres naturales. Es más, el destacamento que fue para El Salvador, apenas experimentó el impacto de operar en el terreno siniestrado de Santa Tecla y muchos de los rescatistas quedaron atemorizados.
Por otro lado, un sismo semejante al de El Salvador puede ocurrir en el mar. Imagínese si ocurre un maremoto... Muchas personas perecerían en el desconcierto y se ahogarían por la marejada. Hay que hacer un programa de prevención y ejercicios de seguridad para los empleados y habitantes de los edificios altos, para evacuar adecuadamente las instalaciones.
El gobierno debe dar un mayor presupuesto al Cuerpo de Bomberos y al SINAPROC para que compren mejores equipos de rescate como helicópteros, carros grúas con escaleras que alcancen mayor altura, nuevo personal, además de telecomunicaciones.
Vea usted que una persona en El Salvador se salvó gracias a que llevaba su celular en mano y localizó a un amigo para que los rescatistas lo salvaren...
speremos que el gobierno panameño tome en cuenta la experiencia vivida por los salvadoreños, quienes sufrieron en carne propia el terremoto. Más vale prevenir que lamentar.

101 años de Panamá América

 
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