default

Lecciones después de Hugo Chávez


Hugo Chávez cayó por los errores perpetrados por Hugo Chávez. Fue obligado a renunciar por la multitudinaria expresión popular de empresarios y trabajadores, pero él mismo cavó la fosa del epílogo de su alucinante gobierno. Uno de los últimos dislates que precipitó su final fue sacar del aire a las televisoras privadas, para impedir que difundieran las imágenes de la protesta popular y que los venezolanos y el mundo entero tomaran un conocimiento directo de las reales dimensiones del profundo rechazo que él mismo generó con su locuacidad insoportable y sus disparates transformados en actos de gobierno.
Afortunadamente, Venezuela ya se libró de Chávez y se prepara a organizar un gobierno de reconstrucción nacional bajo el liderazgo del empresario Pedro Cardona, presidente de FEDECAMARAS, quien fue uno de los promotores de la huelga general indefinida. No es la primera vez que Venezuela se ve en el trance político de estructurar un régimen de transición entre una dictadura y una democracia. Tras la caída del general Medina Angarita a finales de los cincuenta, se articuló una junta de gobierno cívico- militar presidida por Rómulo Betancourt, líder máximo de Acción Democrática, y lo mismo se hizo cuando abandonó el país otro general, Marcos Pérez Jiménez, y gobernó en forma interina el contralmirante Wolfgang Larrazábal. En aquellas circunstancias, y en las actuales, Venezuela logró recuperarse progresivamente, tras una prolija labor de desmantelamiento de los regímenes pretorianos y de rehabilitación de las libertades conculcadas.
Empero, las lecciones que suministra la experiencia venezolana contemporánea es que se deben efectuar grandes esfuerzos para superar el ciclo traumático de democracias gangrenadas por la corrupción y de dictaduras que prometen acabar con las lacras, pero terminan propagándolas en una dimensión mucho mayor. La ruptura de esta dialéctica funesta sólo podrá lograrse con transformaciones profundas a lo interno de la sociedad civil, como producto de una severa autocrítica que lleve a la expurgación de las calamidades cometidas por los partidos tradicionales, sobre todo Acción Democrática y COPEI. A diferencia de otras etapas políticas, Venezuela ahora parte de cero desde el punto de vista político, institucional y económico. Hay que reconocer que antes que apareciera Chávez en la escena, los partidos históricos estaban desintegrados por el desprestigio de su dirigencia y el descuartizamiento de sus cuadros. En Acción Democrática, Carlos Andrés Pérez y Jaime Lusinchi ya no existen por razones convincentes, lo mismo que Rafael Caldera canibalizó COPEI y que el MAS, al deshacerse de Teodoro Petkoff, se fracturó entre prochavistas y antichavistas. Hay que admitir, por otro lado, que el Poder Judicial sólo denotaba desconfianza por la carencia de probidad de sus magistrados. Que el delirante ex teniente coronel politizó Petróleos de Venezuela, inundándolo de militares que sólo sabían de la gasolina lo indispensable para ponerla en el tanque de sus automóviles.
Esos vientos trajeron estos lodos, de los cuales tratan de salir los venezolanos de todos los sectores sociales con un alto costo institucional. La primera tarea será desmontar los engranajes de la llamada "revolución bolivariana" implantada por quien tergiversó el pensamiento del Libertador, hasta extremos indescriptibles. La autoproclamada revolución no fue otra cosa que una revuelta contra los principios democráticos, como lo demostró con sus arteros ataques contra los periodistas independientes, como lo ratificó con la organización de los "círculos bolivarianos", que no fueron otra cosa que hordas de matones y pistoleros que dispararon alevemente contra ciudadanos pacíficos que demandaron la salida de Chávez. Fidel Castro aconsejó a su colega venezolano que formara comités populares a imitación de los que existen en Cuba para controlar a los vecinos y delatar a los disidentes. Felizmente concluyó la pesadilla.
(rbermudez@cableonda.net)

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América