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Lecciones que no se aprenden...


No recuerdo qué estadista panameño dijo que " se debía gobernar pensando siempre como si se fuera oposición". Nadan más cierto, pero muy pocas veces se ha aplicado; parece que el poder les hace creer a los gobernantes que sus designios no tendrán fin. Hay algunos casos recientes que vale la pena tomar en cuenta.
El Dr. Ernesto Pérez Balladares, cuyos aciertos como gobernante los he reconocido en todo momento, durante los últimos meses de su gestión actuó, muy lamentablemente, en forma equivocada haciendo todo lo contrario del estadista de marras. Forzó la aprobación de leyes inoportunas e inconvenientes. Hizo nombramientos inapropiados y afectó con sus acciones algunas instituciones, como la Carrera Administrativa, que con anterioridad había pretendido fortalecer. A esta última la debilitó al incorporar a ella, según las aseveraciones de los arnulfistas, a miles de sus copartidarios sin llenar los requisitos para acogerse a su protección. No propició tampoco una transición fluida y cordial con el gobierno entrante.
Fueron , como lo veo, las actuaciones de dos personas totalmente distintas. Uno con la mentalidad de un estadista que hizo muchas cosas buenas y de gran transcendencia, y el otro el político convencional que sólo ve el hoy y no el mañana.
Al desatar, el expresidente Pérez Balladares, su ira contra Solidaridad por no estar este partido de acuerdo con la creación de la Sala Quinta de la Corte Suprema de Justicia, le abrió las puertas al arnulfismo para que hiciera con los miembros del PRD lo que hizo con los solidarios, a quienes pretendió "destituir a todos los niveles" de su administración.
La carta que en esos días le envié a Leandro Avila, Secretario General de la FENASEP para informarle de lo que sucedía, anticipándole en ella lo que hoy, lamentablemente está ocurriendo. La autoridad moral hay que mantenerla siempre... cuando se está arriba y cuando se está abajo. En una ocasión Rousseau dijo: "lo que es malo en moral, es malo en política".
El enfoque político dado a la Sala Quinta permitió que la misma fuera derogada por el nuevo gobierno, por la falta total de respaldo que tenía y, salvo para algunos cuantos legisladores del PRD, el asunto no despertó ninguna reacción en los sectores de opinión y ella murió sin pena ni gloria.
Esa lección es clara: no se puede jugar con la opinión pública, ni creer que se pueden imponer medidas caprichosas para lograr ventajas políticas transitorias.
Otro error cometido por el gobierno que terminó el 31 de agosto, fue el hacer algunos nombramientos aprovechándose de legislaciones hechas específicamente para facilitárselos y evitar así, que la nueva mandataria los pudiera hacer. Estos también serán, poco a poco, según soplan los vientos, objeto de reversión. Todo gobierno desea tener en las posiciones claves a gente de su entera confianza y no tener enquistados a adversarios políticos que puedan, en determinados momentos, obstaculizar la labor que pretenden llevar a cabo.
Estas cosas que un día se hacen y al día siguiente se cambian, desprestigian la clase política y afectan la buena imagen internacional del país. Es una clara demostración de inmadurez y oportunismo.
Hay una frase que con frecuencia utilizaba el General Torrijos que habla de que las cosas del país hay que verlas con "luces muy largas". Muchos de sus seguidores la utilizan, pero no la aplican. Un caso lamentable, sin la menor duda, fue el de la célebre Sala Quinta, donde se usaron las luces de un " flashlight".
Hay que tener presente, y así la historia nos lo enseña, que por lo regular más temprano que tarde las aguas buscan su nivel y que el país siempre recobra la sensatez y el sentido de equidad.

101 años de Panamá América

 
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