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¡Leer para vivir y vivir para leer!


Amar la lectura es un hábito que se inicia desde las edades más tempranas. Yo tuve la suerte de nacer en el seno de una familia donde los libros y la lectura eran el pan de cada día. Veía diariamente a mi madre y a mis tías, maestras, con libros constantemente, ya que eran su herramienta de trabajo. Y al atardecer, las tertulias entre versos y obras literarias del resto de la familia y amistades eran el preámbulo para mi lectura, bajo la magia de las noches escarchadas y libros de cuento. No fue insólito, por consiguiente, que mientras otras niñas y niños veían cartones animados por televisión, yo, sin sentirlo la tierra, desarrollaba placenteramente el hábito por la lectura.
Al avanzar mi educación y, a pesar de haber crecido bajo el patético paradigma muy aceptado para esa época que reza "Letra con Sangre Entra", tuve la fortuna de encontrarme en mi recorrido por la academia con maestras y profesores como: Ana Cecilia Plicett, Iván García, Jesús Canto, Samuel Pinzón, entre otros quienes alimentaron mi sed literaria con el néctar apropiado que necesitaba mi espíritu, para establecer de manera permanente el hábito de la lectura: Amor y pasión por los libros.
Dollard y Miller, psicólogos conductistas, sugirieron que la estructura de la personalidad puede ser definida en forma muy simple como hábitos. Los hábitos se refieren a algún tipo de asociación aprendida entre un estímulo y una respuesta que los hace ocurrir juntos con frecuencia. Pueden aparecer y desaparecer. Pueden aprenderse y desaprenderse y es la "condición en el ambiente" la que fomenta la adquisición de hábitos.
Erróneamente, la educación actual ha invertido los roles, tanto de los educadores como el de las madres y padres de familia. Constantemente, escuchamos la queja de muchos familiares sobre las interminables tareas y asignaciones que se les impone a nuestros estudiantes en las horas que deben ser para descanso después de una larga jornada educativa. La casa se convierte en una extensión de la escuela, sin dejar espacio para la interacción familiar. Y, por otro lado, muchos educadores utilizan la lectura en horas del recreo o en la biblioteca como castigo por alguna travesura o mal comportamiento de su alumnado. ¡Craso error!
La escuela debe brindar las herramientas psico-pedagógicas que permitan el desarrollo de las habilidades necesarias para la lectura. Los padres y las madres deben proveer el ambiente necesario para que esas destrezas aprendidas se consoliden sin recurrir a la violencia o al castigo.
Pero, en ambos ámbitos, no se debe olvidar un elemento substancial. Para conseguir el triunfo en el logro de los objetivos hay que hacerlo con amor y pasión, con tolerancia y con gusto por lo que se hace.
En la enseñanza de Teatro Infantil, la lectura es un requisito sine quanon para lograr la representación de un personaje. A diferencia de las clases regulares en las clases de Teatro Infantil, los personajes salen de los libros y toman vida.
En las lecturas de los cuentos y obras infantiles de una clase de teatro, la Caperucita Roja y el Lobo Feroz, por ejemplo, pasan a ser de figuras en el papel, a niñas y niños de carne y hueso. Ello permite que el resto de estudiantado juegue, llore cuestione y descubra con ellos el final o un nuevo final del cuento.
Este tipo de actividad debe ser duplicada, tanto en la escuela como en la casa para lograr que la lectura sea una experiencia cautivante, deleitable, seductora. Debe ser tan agradable como el canto de la lluvia, como el susurro de una ráfaga de viento, como la risa de las olas del mar.
Y cuando usted logre que su hija o hijo prefiera la lectura a otro tipo de entretenimiento o gratificación, tómelo de la mano y cómprele un libro, recorran las diferentes librerías (ahora existen varias con sala infantil), visiten las bibliotecas, llévenlos a conocer los autores y autoras panameñas, organicen su círculo de lectura familiar. Con esto, no sólo habrá logrado inculcarle el hábito de la lectura: ¡Le habrá cambiado la vida!
*Magíster en Género y Desarrollo Humano y directora encargada del Teatro Infantil "Tía Dora"

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