Legislación internacional anti corrupción
En varias ocasiones hemos comentado lo que parece ser una tendencia a la adopción de una legislación internacional contra la corrupción, similar a la que rige contra el tráfico de drogas y el lavado de dinero. Incluso nos hemos atrevido a anticipar la aparición de alguna suerte de certificación, como la que suele aplicar unilateralmente Estados Unidos en materia de cooperación antinarcóticos.
Hasta hace poco, las naciones veían la corrupción de gobiernos y funcionarios como un problema interno. Pero la globalización económica ha internacionalizado el problema, hasta el punto que hoy se le ve como un obstáculo al libre comercio y a la leal competencia, tan importante como las barreras arancelarias y las prácticas proteccionistas.
Recientemente, el secretario de Comercio de Estados Unidos, William M. Daley, exponía en The Washington Times, el negativo impacto del soborno en la concesión de contratos internacionales, el cual pudo haber afectado negocios de compañías de su país por el orden de los cien mil millones de dólares.
Daley en particular instó al Congreso de su país a ratificar la convención anticorrupción adoptada en diciembre pasado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), la cual ha sido suscrita por 33 países.
Las compras gubernamentales constituyen el aspecto que más inquieta. Pero tampoco se puede soslayar el problema a nivel privado, en particular, los efectos de prácticas corruptas a nivel de la banca asiática, del cual el Daiwa Bank, ocultando peligrosos pasivos en sus operaciones en Norteamérica, pareció ser pionero. Igual ocurrió con la banca mexicana y venezolana.
Hoy cuando el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial se afanan en sacar al mundo de lo que parecía ser el inicio de una nueva etapa de recesión mundial, sus expertos están más convencidos de que las raíces de la crisis se encuentran en gran medida vinculadas a la falta de trasparencia en las operaciones y negocios internacionales y a elevados niveles de corrupción y amiguismo.
En nuestro país, el problema no está del todo ausente, a juzgar por los síntomas presentes en la mayoría de las licitaciones. Las compras de medicamentos y equipos hospitalarios son usualmente muy cuestionaos. Pero también lo son últimamente, la provisión de potabilizadores y la administración de bienes revertidos.
Sea como fuere, su trata de una reprochable práctica que debe ser erradicada y severamente castigada.
Hasta hace poco, las naciones veían la corrupción de gobiernos y funcionarios como un problema interno. Pero la globalización económica ha internacionalizado el problema, hasta el punto que hoy se le ve como un obstáculo al libre comercio y a la leal competencia, tan importante como las barreras arancelarias y las prácticas proteccionistas.
Recientemente, el secretario de Comercio de Estados Unidos, William M. Daley, exponía en The Washington Times, el negativo impacto del soborno en la concesión de contratos internacionales, el cual pudo haber afectado negocios de compañías de su país por el orden de los cien mil millones de dólares.
Daley en particular instó al Congreso de su país a ratificar la convención anticorrupción adoptada en diciembre pasado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), la cual ha sido suscrita por 33 países.
Las compras gubernamentales constituyen el aspecto que más inquieta. Pero tampoco se puede soslayar el problema a nivel privado, en particular, los efectos de prácticas corruptas a nivel de la banca asiática, del cual el Daiwa Bank, ocultando peligrosos pasivos en sus operaciones en Norteamérica, pareció ser pionero. Igual ocurrió con la banca mexicana y venezolana.
Hoy cuando el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial se afanan en sacar al mundo de lo que parecía ser el inicio de una nueva etapa de recesión mundial, sus expertos están más convencidos de que las raíces de la crisis se encuentran en gran medida vinculadas a la falta de trasparencia en las operaciones y negocios internacionales y a elevados niveles de corrupción y amiguismo.
En nuestro país, el problema no está del todo ausente, a juzgar por los síntomas presentes en la mayoría de las licitaciones. Las compras de medicamentos y equipos hospitalarios son usualmente muy cuestionaos. Pero también lo son últimamente, la provisión de potabilizadores y la administración de bienes revertidos.
Sea como fuere, su trata de una reprochable práctica que debe ser erradicada y severamente castigada.