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¡Lejos de mí, arnulfistas!


Hay una cuestión, muy delicada que está aconteciendo entre los actores del actual escenario político de campaña y de proselitismo electoral. No se requiere de una aguda inteligencia para advertirlo. Se trata de las grandes, terribles y enormes contradicciones en que han incurrido los candidatos presidenciales en sus propuestas de eventuales soluciones a los problemas nacionales.

El candidato de la propuesta del cambio ha afirmado que de llegar a gobernar desconocerá los acuerdos o contratos que relacionen el tema del transmóvil -lo dijo el candidato a vicepresidente Juan Carlos Varela en reciente foro organizado por el Canal 4 de Televisión, a lo que con todo tino y agudeza política, amén de su versatilidad como analista, Juan Carlos Tapia, sorprendido, tuvo que aclararle que no se pueden desconocer o suspender los compromisos adquiridos por el Estado-; por otro lado, ya al candidato Varela lo nombraron director para la propuesta del cambio que frente al problema del transporte propone "el metro". Algo así como no quererlo cerca, ni siquiera, del ejercicio del poder político: "Lejos de mi arnulfistas".

Entre tanto la candidata Balbina Herrera sugiere a Juan Carlos Navarro como su futuro Ministro de Gobierno y Justicia. Esta decisión demuestra coherencia en una propuesta de agenda de trabajo coordinado, pero además de probar evidente cohesión entre los miembros del colectivo PRD.

Aún no han explicado al país entero, a nuestra gente, cómo es que durante meses, cambistas y arnulfistas se la pasaron "sacándose los trapos sucios", haciéndose acusaciones duras por demás que serias, y hoy se presentan ante la faz nacional, sin ningún reparo de ética y de moral política, en clara expresión de un contubernio escandaloso que trasciende a la indiferencia e irrespeto de qué piensan los panameños y panameñas frente a discursos incoherentes, contradictorios, de dimes y diretes, prohijados en el escenario propio de los patios limosos y caracterizaciones propias de bochinches de lavanderas.

De otra parte, entre tanto, como dijera Juan Carlos Tapia, se hacen acusaciones sin pruebas, divorciadas del elemento procesal indispensable: la evidencia que acredita el hecho. Nos percatamos entonces que las argumentaciones giran en torno a la diatriba, la indisposición, la malquerencia y se apartan, creo que hasta de modo intencional o doloso, del objeto central del actual discurso político: tener clara comprensión de los problemas nacionales y claro dominio de las propuestas que encaminen las soluciones. El pueblo no quiere escuchar nada distinto a esto. Nuestra gente está cansada de la diatriba y la conjura vedada que hay entre los interlocutores del discurso político que decae en la pura demagogia.

En otro orden de ideas, las eventuales contradicciones que en el pasado se hayan dado entre las opiniones de Navarro y Balbina, o entre Navarro y el Presidente Torrijos, son pequeñeces comparadas a las goliatescas diferencias que distinguieron, por muchos meses, el discurso de Varela y el del candidato mercader. Las dadas entre Navarro y Balbina son cuestiones personales, pero las dadas entre Varela y Martinelli son cuestiones que, sin duda alguna, afectan la agenda de Estado y el itinerario social. "Res non verba" (hechos no palabras).

101 años de Panamá América

 
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