Lejos de Pompeya
El noticiario comienza con unas imágenes de desastre. Terrenos asolados, personas evacuadas, casas destruidas, pillaje, violencia y el profundo desaliento de la desesperación. Estas imágenes nos remiten a Nicaragua, al sudeste asiático, la misma desesperación e impotencia. La novedad es que ahora pertenecen a ciudadanos estadounidenses afectados por el huracán Katrina. Diferentes nombres para una misma tragedia. Ahora se llama Katrina, en el pasado se llamó Mitch, en la antigüedad fue Pompeya, pero el dolor es el mismo.
Resulta paradójico ver a Colombia, Venezuela o Guatemala ofreciendo ayuda a los EEUU. A los habitantes de los Estados de Misisipi, Luisiana y Alabama afectados aún no se les ha borrado la expresión de sorpresa y decepción.
Saltan a la vista las diferencias con el tsunami que las navidades pasadas, devastó el sureste asiático. Entonces el ataque natural no fue previsto con antelación, ni la gente pudo tomar medidas de precaución. Ahora observamos la otra cara de la moneda: ver cómo la ciudad de Nueva Orleans se vaciaba de un millón de personas, siguiendo la orden oficial de evacuación. Es la respuesta de una sociedad rica, con capacidad de anticipación.
Si este huracán hubiese cruzado Florida, las consecuencias serían menores. Quizá porque es una de las zonas más ricas de los EEUU, quizá porque por esa razón está blindada contra catástrofes, quizá porque está gobernada por el hermano del Presidente Bush. Lo cierto es que, como decía un mandatario de Nueva Orleans, "con la inversión del gasto de dos semanas en la guerra de Iraq, se hubieran modernizado las defensas de Nueva Orleans".
(ccs@solidarios.org.es)
Resulta paradójico ver a Colombia, Venezuela o Guatemala ofreciendo ayuda a los EEUU. A los habitantes de los Estados de Misisipi, Luisiana y Alabama afectados aún no se les ha borrado la expresión de sorpresa y decepción.
Saltan a la vista las diferencias con el tsunami que las navidades pasadas, devastó el sureste asiático. Entonces el ataque natural no fue previsto con antelación, ni la gente pudo tomar medidas de precaución. Ahora observamos la otra cara de la moneda: ver cómo la ciudad de Nueva Orleans se vaciaba de un millón de personas, siguiendo la orden oficial de evacuación. Es la respuesta de una sociedad rica, con capacidad de anticipación.
Si este huracán hubiese cruzado Florida, las consecuencias serían menores. Quizá porque es una de las zonas más ricas de los EEUU, quizá porque por esa razón está blindada contra catástrofes, quizá porque está gobernada por el hermano del Presidente Bush. Lo cierto es que, como decía un mandatario de Nueva Orleans, "con la inversión del gasto de dos semanas en la guerra de Iraq, se hubieran modernizado las defensas de Nueva Orleans".
(ccs@solidarios.org.es)