Leña del “marketing” político electoral
El tema de la (in)seguridad está hoy en boca de políticos, comunicadoras sociales, autoridades, funcionarios, entre otros. Se infiltra en el imaginario de muchos grupos domésticos panameños bajo conceptos e ideas que sobre el tema se presentan en radio, televisión o periódicos.
Eventos y escenas violentas o delincuenciales son más frecuentes en la ciudad capital, desde ciudades o pueblos del "interior". ¿Se imagina la urbe capitalina como un espacio de violencia criminal e inseguro al extremo? El exo-control del miedo lleva a creer, por ejemplo, que nada más basta bajarse de un autobús que viene desde el interior y los delincuentes comunes están a la orden del día: todos y todas sospechosos.
Hoy se discute el aumento de la violencia de tipo criminal perpetrada por jóvenes. Adolescentes de 13 años en adelante y de jóvenes hasta 25 años, en su gran mayoría. La formación de pandillas y bandas juveniles que asolan los barrios populares del área metropolitana y que intimidan o atemorizan la clase media, principalmente. Los escenarios más conocidos son las famosas "balaceras", que a diario pueden ocurrir en El Chorrillo, Curundú, San Miguelito, San Joaquín, entre otros lugares de la ciudad capital y Colón.
Con mi más hondo respeto por las víctimas de las actividades de pandillas y bandas juveniles, al respecto de estas últimas uno podría hacerse, por lo menos, dos preguntas cruciales, que de acuerdo con la respuesta de una u otra, se empieza por marcar el camino que debe seguir la sociedad panameña para erradicar o prevenir la formación de bandas y pandillas juveniles.
¿Qué hacer con los jóvenes y adolescentes cuando se convierten en un peligro para la sociedad? Cuando nos cuestionamos de esta manera, generalmente la respuesta es reactiva, coercitiva y desvinculada de toda relación histórica que intenta buscar las causas de la formación de bandas y pandillas juveniles en el país. Es por ello que ha resultado mucho más cómodo criminalizar a los jóvenes y adolescentes de barrios populares, que asumir la responsabilidad social, que implica aunar esfuerzos para una integración de jóvenes y adolescentes en actividades productivas y positivas para la sociedad.
Es distinto cuando preguntamos: ¿qué hacer con esta sociedad que conduce a muchos jóvenes y adolescentes a una situación de violencia y conflicto extremo, incluso, hasta sin importarles la propia vida? Partiendo de esta interrogante, asumimos una responsabilidad como ciudadanos de este país, buscamos un análisis diacrónico que nos conduzca a encontrar y transformar causas profundas y sistémicas de la formación de bandas y pandillas juveniles en Panamá. Un punto de partida más adecuado, que no hace de jóvenes y adolescentes de sectores populares chivos expiatorios o leña para el insaciable fuego del ranking y marketing político electoral.