Lenguaje y nivel de un debate
Las fuerzas económicas y políticas más importantes del país coinciden en lo oportuno de la ampliación del Canal. Es una medida acertada, porque mantiene al día al principal activo del país, por el momento en que se produce y por sus proyecciones.
Poca relevancia van despertando los argumentos adversos si se considera que la ampliación no es sólo el resultado de una comprensión y decisión nacional, sino de una demanda internacional. Lo que llama la atención, sin embargo, es el nivel y el lenguaje del debate, sobre todo si se considera la procedencia de los votos que decidirán en el referéndum venidero.
Poco favor hace el lenguaje técnico que se lleva adelante en varios medios, como si la población panameña fuera experta en el tema. Algunos dirán que, sin embargo, se debe mantener para elevar el nivel de la ciudadanía respecto al tema, como si de un experimento se tratara. Pero si se hiciera un sondeo allí, donde reside la población popular, mayoritaria en el país, se comprobaría que ese lenguaje despierta poco interés en las comunidades populares. Su comprensión hace mayor presencia en las capas medidas, medias altas o altas. Pero en lenguaje popular no es exagerado decir que no es eso lo que motiva al votante.
Lo que lo motiva y hace que tome interés, es indicarle cómo será beneficiado por este megaproyecto. De los discursos públicos están ausentes, por ejemplo, el número de empleos que generará la ampliación, dónde y cómo los pueden conseguir, en qué especializaciones y por cuánto tiempo.
Nada falso dicen quienes afirman que el problema del Canal es su distancia para con el panameño común, pese a un siglo de luchas y movilizaciones nacionales.
Nadie con responsabilidad ciudadana aspira seriamente a que cada uno de los tres millones de panameños seamos ahora especialistas en todos los aspectos de la actividad canalera. Sostenerlo es pura demagogia, pero lo que es, además de necesario, importante, es una estrategia destinada a lograr que la población comprenda la importancia de este megaproyecto, y los beneficios que en su favor se derivará tan pronto arranquen los trabajos de ampliación.
Poca relevancia van despertando los argumentos adversos si se considera que la ampliación no es sólo el resultado de una comprensión y decisión nacional, sino de una demanda internacional. Lo que llama la atención, sin embargo, es el nivel y el lenguaje del debate, sobre todo si se considera la procedencia de los votos que decidirán en el referéndum venidero.
Poco favor hace el lenguaje técnico que se lleva adelante en varios medios, como si la población panameña fuera experta en el tema. Algunos dirán que, sin embargo, se debe mantener para elevar el nivel de la ciudadanía respecto al tema, como si de un experimento se tratara. Pero si se hiciera un sondeo allí, donde reside la población popular, mayoritaria en el país, se comprobaría que ese lenguaje despierta poco interés en las comunidades populares. Su comprensión hace mayor presencia en las capas medidas, medias altas o altas. Pero en lenguaje popular no es exagerado decir que no es eso lo que motiva al votante.
Lo que lo motiva y hace que tome interés, es indicarle cómo será beneficiado por este megaproyecto. De los discursos públicos están ausentes, por ejemplo, el número de empleos que generará la ampliación, dónde y cómo los pueden conseguir, en qué especializaciones y por cuánto tiempo.
Nada falso dicen quienes afirman que el problema del Canal es su distancia para con el panameño común, pese a un siglo de luchas y movilizaciones nacionales.
Nadie con responsabilidad ciudadana aspira seriamente a que cada uno de los tres millones de panameños seamos ahora especialistas en todos los aspectos de la actividad canalera. Sostenerlo es pura demagogia, pero lo que es, además de necesario, importante, es una estrategia destinada a lograr que la población comprenda la importancia de este megaproyecto, y los beneficios que en su favor se derivará tan pronto arranquen los trabajos de ampliación.