Levantamiento kuna, incendios y recomendaciones
CONMEMORAMOS un aniversario más del Levantamiento Kuna, y creo prudente analizar el tema, no como tal, sino porque las visiones de nuestros grandes caciques de 1925, tales como Inabaginya y Cimral Colman, comienzan a tener sus repercusiones con los recientes hechos ocurridos en las comunidades kunas, especialmente en Miriaubigandup, en donde gran parte de la comunidad se quemó.
Antes del Levantamiento Kuna, ocurrido el 21 de febrero de 1925, se criticó fuertemente a los líderes arriba mencionados, porque no querían ver en aguas de Kuna Yala a personas que no eran kunas, pues pensaban que si seguían permitiendo la entrada de pescadores colombianos y caucheros a su comarca, en el futuro podrían ocasionar algunos problemas.
Para evitar estas confrontaciones, Inabaginya enviaba notas de protesta y de solicitaciones al presidente panameño de ese entonces, Rodolfo Chiari. Y después de varios intentos, el mandatario le mandó al cacique una nota, en la que, entre otras cosas, le decía lo siguiente:
"Los caucheros han regresado a Puerto Obaldía y les he hecho saber cuál es la zona de cauchería. Así pues, espero que usted, como jefe de esa región, esté como siempre en el celo de lo acordado entre el gobierno y Ud.". Después de esta carta se mejoró la situación y el cacique pudo ser capaz de resolver el problema antes que se saliera de sus manos.
Antes de su muerte, el cacique Inabaginya avisó a su gente que tuvieran mucho cuidado en el futuro, que llegarían hombres que poco a poco harían daño a la imagen de Kuna Yala y que desearían que sus hijos se dediquen a actividades que ellos nunca han practicado.
Ahora pareciera que las palabras del gran cacique comenzaron a hacerse realidad. Ya escucho con tristeza que se realizan tráficos ilegales de drogas entre los kunas y los colombianos, que existen casos de homicidio, y que por no entenderse con algunos colombianos que llegan a nuestras costas, ellos amenazan a los familiares de los involucrados, entre otras cosas, a quemar sus casas. El caso de mis hermanos de Miriaubigandub puede estar ligado a esto, como también puede ser un caso fortuito.
Es importante que se busquen soluciones para que el problema no se siga agravando y analizar el por qué de estas situaciones. Sin embargo, veamos la siguiente realidad.
Actualmente muchas embarcaciones llegan a las costas de Kuna Yala, pero ellas son las únicas que abastecen a las tiendas de productos de primera necesidad. Los kunas venden sus cocos, su única entrada, a los colombianos. Y si el Gobierno Nacional, de alguna manera, prohibiera la entrada de las embarcaciones colombianas, los kunas pasaríamos hambre, ya que no hay una sola embarcación de nuestro país que se dedique a eso.
Pienso que por la relación comercial que existe entre dos grupos, se abre paso a que también se practiquen negocios ilícitos.
Ante esta situación, urge que nuestro gobierno busque una solución a esto, porque de lo contrario, la relación entre un grupo minoritario de kunas y de un grupo minoritario de colombianos en la práctica ilícita de algunos negocios, no se va acabar.
El Gobierno panameño debe dotar de algunos barcos para abastecer a las tiendas de productos de primera necesidad.
Igualmente, las patrulleras de la Policía Marítima Nacional que llegan a las costas de Kuna Yala, deben hacer sus trabajos más eficientemente porque, de no ser así, se seguirán haciendo más prácticas ilícitas sin que ellos se den cuenta.
Es necesario programar una reunión entre nuestros actuales caciques y los miembros del Gobierno Nacional para analizar todas estas anomalías, antes de que los problemas sean mayores en Kuna Yala.
Antes del Levantamiento Kuna, ocurrido el 21 de febrero de 1925, se criticó fuertemente a los líderes arriba mencionados, porque no querían ver en aguas de Kuna Yala a personas que no eran kunas, pues pensaban que si seguían permitiendo la entrada de pescadores colombianos y caucheros a su comarca, en el futuro podrían ocasionar algunos problemas.
Para evitar estas confrontaciones, Inabaginya enviaba notas de protesta y de solicitaciones al presidente panameño de ese entonces, Rodolfo Chiari. Y después de varios intentos, el mandatario le mandó al cacique una nota, en la que, entre otras cosas, le decía lo siguiente:
"Los caucheros han regresado a Puerto Obaldía y les he hecho saber cuál es la zona de cauchería. Así pues, espero que usted, como jefe de esa región, esté como siempre en el celo de lo acordado entre el gobierno y Ud.". Después de esta carta se mejoró la situación y el cacique pudo ser capaz de resolver el problema antes que se saliera de sus manos.
Antes de su muerte, el cacique Inabaginya avisó a su gente que tuvieran mucho cuidado en el futuro, que llegarían hombres que poco a poco harían daño a la imagen de Kuna Yala y que desearían que sus hijos se dediquen a actividades que ellos nunca han practicado.
Ahora pareciera que las palabras del gran cacique comenzaron a hacerse realidad. Ya escucho con tristeza que se realizan tráficos ilegales de drogas entre los kunas y los colombianos, que existen casos de homicidio, y que por no entenderse con algunos colombianos que llegan a nuestras costas, ellos amenazan a los familiares de los involucrados, entre otras cosas, a quemar sus casas. El caso de mis hermanos de Miriaubigandub puede estar ligado a esto, como también puede ser un caso fortuito.
Es importante que se busquen soluciones para que el problema no se siga agravando y analizar el por qué de estas situaciones. Sin embargo, veamos la siguiente realidad.
Actualmente muchas embarcaciones llegan a las costas de Kuna Yala, pero ellas son las únicas que abastecen a las tiendas de productos de primera necesidad. Los kunas venden sus cocos, su única entrada, a los colombianos. Y si el Gobierno Nacional, de alguna manera, prohibiera la entrada de las embarcaciones colombianas, los kunas pasaríamos hambre, ya que no hay una sola embarcación de nuestro país que se dedique a eso.
Pienso que por la relación comercial que existe entre dos grupos, se abre paso a que también se practiquen negocios ilícitos.
Ante esta situación, urge que nuestro gobierno busque una solución a esto, porque de lo contrario, la relación entre un grupo minoritario de kunas y de un grupo minoritario de colombianos en la práctica ilícita de algunos negocios, no se va acabar.
El Gobierno panameño debe dotar de algunos barcos para abastecer a las tiendas de productos de primera necesidad.
Igualmente, las patrulleras de la Policía Marítima Nacional que llegan a las costas de Kuna Yala, deben hacer sus trabajos más eficientemente porque, de no ser así, se seguirán haciendo más prácticas ilícitas sin que ellos se den cuenta.
Es necesario programar una reunión entre nuestros actuales caciques y los miembros del Gobierno Nacional para analizar todas estas anomalías, antes de que los problemas sean mayores en Kuna Yala.