Lewis Galindo y la renuncia de Alberto
Ambos ocupan posiciones cimeras en la estructura del Primero Banco del Istmo y son figuras relevantes de nuestro acontecer político. Samuel Lewis Galindo es presidente de la Junta Directiva del banco y también es presidente del Partido Solidaridad que enarbola la candidatura presidencial opositora del ex presidente de la República Guillermo Endara. Alberto Vallarino, a su vez, es vicepresidente del banco y fue, hasta enero pasado, precandidato presidencial opositor, cuando en forma inesperada y misteriosa renunció a sus aspiraciones políticas y retornó discretamente a su trabajo de banquero.
De estos dos personajes nos interesa destacar otro denominador común, a mas de ser funcionarios del mismo banco, el mayor del país y América Central, y de ser críticos del gobierno arnulfista que lidera la Presidenta de la República, Mireya Moscoso, es el hecho de que ambos han sido atacados en su esfera personal y empresarial, por una misma persona, con el indirecto objetivo de que desistan de sus aspiraciones, posturas y militancias políticas.
Es un hecho público, no revelado, sin embargo oficialmente, Alberto Vallarino fue víctima de maquinaciones originadas en la misma fuente que, dentro del citado banco, conspiraron para que declinara de sus aspiraciones políticas, so pena de perder o ver menoscabar, su posición dentro del banco, tan dura y largamente labrada. En otras palabras, la aspiración de servicio público que ofrece un destacado y honesto empresario para poner su experiencia y talento a disposición de su país (ahogado en problemas e inmensos desafíos), se frustra al serle exigido por efecto de extorsión un sacrificio familiar, patrimonial y personal fuera de toda proporción. Y al final tuvo que ceder. En esta ocasión, cuando Samuel Lewis Galindo levanta, junto a Guillermo Endara, la bandera de la anticorrupción en la presente campaña política, con resultados positivos - igual que Alberto Vallarino -en las encuestas sobre preferencias electorales, se agitan otra vez las mismas fuerzas oficialistas que - dentro del mismo banco - exhortan en esta ocasión a Lewis Galindo a renunciar a su cargo.
En nuestro concepto, no resulta deseable, ni moral, ni ético, que de manera vil y desleal, un candidato o político cualquiera use contra un adversario -con quien se supone comparte el mismo ideal de servir a la forja de un mejor país, con distinto método- acciones tan innobles como el activar resortes que afecten, amenacen o menoscaben la vida personal, privada, patrimonial, social e incluso el negocio o posición profesional de su oponente, con el fin de chantajearlo y forzarle finalmente a la renuncia de sus aspiraciones que de por sí entrañan un loable sacrificio personal, material y familiar aportando su tiempo, tranquilidad, valores y experiencia personales.
Eso es triste y reprochable, porque Panamá requiere de mayor participación de sus mejores y más talentosos ciudadanos, que estén dispuestos a apartarse de sus negocios exitosos y dejar de hacer dinero por cinco años para servir a la nación y no para servirse de ella. Si la sociedad panameña sigue tolerando frente a sus ojos el ejercicio de bajezas como las descritas, la política nacional continuará siendo cloaca de los peores especímenes en vez de un concierto de los mejores para afrontar las peores coyunturas actuales. En fin, si no hacemos algo pronto, la próxima campaña electoral y las que vengan, al igual que las del pasado, tendrán como protagonistas a los peores malandros y nunca más tendremos por quién votar a no ser, como siempre, por el candidato menos malo.
Finalmente, las empresas privadas que tienen la suerte de contar a sus servicios con esa gente valiosa, bien harían en prestigiarse aún más, facilitando esos talentos al servicio de su país que, al engrandecerse, también los hace crecer.
De estos dos personajes nos interesa destacar otro denominador común, a mas de ser funcionarios del mismo banco, el mayor del país y América Central, y de ser críticos del gobierno arnulfista que lidera la Presidenta de la República, Mireya Moscoso, es el hecho de que ambos han sido atacados en su esfera personal y empresarial, por una misma persona, con el indirecto objetivo de que desistan de sus aspiraciones, posturas y militancias políticas.
Es un hecho público, no revelado, sin embargo oficialmente, Alberto Vallarino fue víctima de maquinaciones originadas en la misma fuente que, dentro del citado banco, conspiraron para que declinara de sus aspiraciones políticas, so pena de perder o ver menoscabar, su posición dentro del banco, tan dura y largamente labrada. En otras palabras, la aspiración de servicio público que ofrece un destacado y honesto empresario para poner su experiencia y talento a disposición de su país (ahogado en problemas e inmensos desafíos), se frustra al serle exigido por efecto de extorsión un sacrificio familiar, patrimonial y personal fuera de toda proporción. Y al final tuvo que ceder. En esta ocasión, cuando Samuel Lewis Galindo levanta, junto a Guillermo Endara, la bandera de la anticorrupción en la presente campaña política, con resultados positivos - igual que Alberto Vallarino -en las encuestas sobre preferencias electorales, se agitan otra vez las mismas fuerzas oficialistas que - dentro del mismo banco - exhortan en esta ocasión a Lewis Galindo a renunciar a su cargo.
En nuestro concepto, no resulta deseable, ni moral, ni ético, que de manera vil y desleal, un candidato o político cualquiera use contra un adversario -con quien se supone comparte el mismo ideal de servir a la forja de un mejor país, con distinto método- acciones tan innobles como el activar resortes que afecten, amenacen o menoscaben la vida personal, privada, patrimonial, social e incluso el negocio o posición profesional de su oponente, con el fin de chantajearlo y forzarle finalmente a la renuncia de sus aspiraciones que de por sí entrañan un loable sacrificio personal, material y familiar aportando su tiempo, tranquilidad, valores y experiencia personales.
Eso es triste y reprochable, porque Panamá requiere de mayor participación de sus mejores y más talentosos ciudadanos, que estén dispuestos a apartarse de sus negocios exitosos y dejar de hacer dinero por cinco años para servir a la nación y no para servirse de ella. Si la sociedad panameña sigue tolerando frente a sus ojos el ejercicio de bajezas como las descritas, la política nacional continuará siendo cloaca de los peores especímenes en vez de un concierto de los mejores para afrontar las peores coyunturas actuales. En fin, si no hacemos algo pronto, la próxima campaña electoral y las que vengan, al igual que las del pasado, tendrán como protagonistas a los peores malandros y nunca más tendremos por quién votar a no ser, como siempre, por el candidato menos malo.
Finalmente, las empresas privadas que tienen la suerte de contar a sus servicios con esa gente valiosa, bien harían en prestigiarse aún más, facilitando esos talentos al servicio de su país que, al engrandecerse, también los hace crecer.