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Ley antiterrorismo


¿Quién iba a pensar que la inviolabilidad de la correspondencia, ganada como un derecho fundamental de todo ser humano tras siglos de luchas y muertes, sería usada como vehículo de arma biológica por gente insensata que nada conoce del alcance de semejante conquista?
El derecho a la salud pública, la reserva de las comunicaciones, el derecho a la intimidad, la inviolabilidad del domicilio, la libertad de circulación, la igualdad ante la ley, la libertad de expresión, son todos garantías fundamentales de la esencia de ser humano, creación de Dios, para los religiosos, o de alguna fuerza universal para quienes no lo son. De cualquier modo, los terroristas, cual si se tratara de algas marinas, sin alma ni conciencia de su propia naturaleza, no lo saben.
De una forma u otra, la democracia norteamericana, una de las más antiguas y maduras del planeta, se ha visto precisada a dar un primer paso correcto pero doloroso, en el sentido de sacrificar parte de esas libertades para hacer frente al enemigo oculto en las sombras.
La ley antiterrorismo permite detener a extranjeros sospechosos por siete días y no uno como antes, obtener amplios permisos la intercepción de comunicaciones de todo tipo, incluso por Internet, extiende el plazo de prescripción de varios delitos, amplía los permisos de espionaje telefónico por diez años, autoriza al Departamento del Tesoro para vigilar el lavado de dinero, etc. Se autoriza, asimismo, triplicar el número de agentes fronterizos y de migración, al tiempo que se endurecen las normas de entrada al país. En lo sucesivo, los extranjeros se enfrentarán a una nube de requisitos y controles de entrada, los cuales van a ir en aumento. Puede que sean incómodos y, en efecto lo serán; pero es el precio a pagar por defender el sistema democrático, lo cual vale la pena y mucho más.
Por nuestra parte, también hay que esperar mayor severidad y presión en materia de lavado de dinero, lo cual va a ser aprovechado por los detractores de los paraísos fiscales y sistemas de bajos impuestos para golpearlos con vista a su eliminación. En ese campo, que nos afecta como centro bancario, bandera de conveniencia, régimen de sociedades, organización patrimonial y territorialismo fiscal, debemos esperar tiempos duros.


101 años de Panamá América

 
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