Ley carcelazo, Cuba y Venezuela
Me recuerdo los cierres de calles al final de los años ochenta. Pero no solo con nuestra presencia física: barricadas, alambres, etc. Todo era bueno para llamar la atención de la prensa internacional que a la postre era el único medio que teníamos para que el mundo observara lo que sucedía en nuestro país. Y no nos interesaba taparnos el rostro porque sabíamos que defendíamos algo superior a nuestras vidas: la democracia y los derechos humanos. No había democracia, entonces usábamos métodos no democráticos de lucha.
Antes de estos hechos, lo que usualmente ocurría era que los grupos inconformes marchaban. Los más radicales al terminar la marcha, sobre todo si eran estudiantes, apedreaban la antigua sede del Ministerio de Educación, por ejemplo.
Pero desde el Gobierno de Pérez Balladares para acá y sobre todo los años anteriores a cada elección, se suceden cualquier cantidad de cierres de calles por la mínima cosa. Recuerdo uno hace un año y medio porque un niño le pegó a una maestra. Todos los ciudadanos quedábamos víctimas de esa forma de protesta.
Sinceramente creo que la mejor forma de evitar que los ciudadanos conculquen el derecho de los demás al libre tránsito es la profunda educación en cultura democrática, educación cívica y respeto a los derechos humanos. Por eso creo que el próximo paso en la reforma curricular debe ser insertar estas materias desde de la primaria de forma obligatoria. Pero mientras tanto, si bien es cierto que la llamada “Ley carcelazo” es un poco exagerada, ya está bueno de que aquí cualquiera sienta que al no existir certeza de un buen castigo debe perjudicarnos a todos.
Muchos alegan que esto viola los derechos humanos y de manifestación. La falta de eco a esta sentencia tiene que ver con el hecho de que muchos de los voceros que blanden este argumento aupaban la represión de finales de los ochenta, sembraron el odio y en vez de dar paso a nuevos políticos tratan de reciclarse dando lecciones de cultura democrática. Los otros pretenden que los panameños entiendan sobre derechos humanos cuando ni siquiera se pronuncian por lo que sucede en Cuba y Venezuela.
En estos países, donde se violan los derechos humanos, se persigue la prensa (cuando no se clausura) y se mantienen detenidos presos políticos han encontrado en una buena parte de la dirigencia de la llamada sociedad civil y política panameña total orfandad.
Denunciar lo que ocurre con las damas de blanco y los presos políticos encarcelados en mazmorras cubanas, con Oswaldo Álvarez Paz y otros, así como con los medios de comunicación venezolanos es enseñar cultura democrática y respeto a los derechos humanos. ¿Cómo pedirlo si no lo practicamos?
*Director Ejecutivo de Fundación Instituto Panameño de Estudios Cívicos.