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Ley de jubilados


Antes de empezar con el tema, deseo felicitar a El Panamá América por el editorial del 14 de marzo pasado "Un fallo justo", a favor del comentarista Carlos Zavala, porque aclara cualquier duda y hace énfasis en la justicia, que precisamente en el caso que me ocupa hay ausencia de la misma. Tengo a mano el texto de la Ley No. 6 del 16 de junio, 1987 con las modificaciones y adiciones de la Ley No.18 del 7 de agosto de 1989, y la Ley No. 15 del 13 de julio de 1992. Es decir, recoge todas las leyes en cuanto a beneficios a jubilados, pensionados y personas de la tercera y cuarta edad. A su vez, indica que los beneficiarios de esta ley tienen la obligación de probar este derecho mediante la cédula de identidad personal si su edad es de 57 años o más si es mujer y de 62 años o más si es varón; o simplemente con su carnet de jubilado o pensionado.
Específicamente, deseo recalcar el descuento de las farmacia, que dice: "10% del valor de los medicamentos que adquiera bajo prescripción médica"
El 17 de marzo pasado, por primera vez, la farmacia del supermercado El Rey de El Dorado, se negó a darme el descuento porque para la compra del tylenol, pastillas Vick y Panadol Multisympton, yo no podía presentar una receta médica. Me mostraron un comunicado de la CLICAC, fiel copia de lo que anuncio en el párrafo anterior, subrayado en rojo. Manifesté mi desacuerdo con esta interpretación de la Ley y fui al Super 99 de la mismo área y compré medicamentos por valor de B/.17.00, con descuento, sin dificultad alguna.
Como me gustan los numeritos, camino a casa, y a sabiendas del negocio abundante de la farmacia de El Rey (por las filas que veo), pensé que diariamente ésta se queda, mínimamente, como con unos B/.700 al no descontarle a las jubilados, que por ley lo merecen.
Llamé a la CLICAC y una joven me respondió que la actitud del Rey fue la correcta. Ni siquiera aceptó que era una pésima interpretación de la Ley del Seguro Social, que se prestaba por su redacción a conclusiones anormales. Expliqué que sufro de migrañas, que éstas hay veces se van por meses y hasta años y de repente, sencillamente, llegan hasta cuando duermo. Tomo Parcel, que compro por prescripción médica, pero sin receta. No corro a buscar una, ya que el mismo médico me ha dicho que no se necesita.
Sé, por ejemplo, que para la compra de tranquilizantes y antibióticos, sí se necesita receta médica para su compra. ¿Por qué la CLICAC no verifica los cientos de productos en los supermercados sin precio a la vista pública? Pregunto también, ¿por qué no ha expuesto a revisión de la CSS el problema que me ocupa? Es más, la CLICAC me informó que yo era la tercera persona que denunciaba el tema. ¿Qué esperan, que marchemos por las vías públicas como lo transportistas y los sindicalistas para rectificar una acción pésimamente adoptada?

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