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Ley sí, mordaza no


Siempre ha sido una vieja aspiración de los periodistas panameños la profesionalización del ejercicio noticioso. Los viejos maestros fundadores del Sindicato de Periodistas fueron los promotores de la Escuela de Periodismo que en los años 60 se fundó bajo la cobija de la Facultad de Humanidades de la Universidad de Panamá.
Inspiraba a estos maestros la visión esperanzadora de un ejercicio profesional elevado a carrera universitaria que garantizara mayor calidad en el producto noticioso, así como una remuneración digna que acabara con el mercantilismo que explotaba la profesión de 25 centésimos por noticia o con el pago en especie, producto de los canjes de cuñas comerciales.
Siempre fue preocupación del gremio las cíclicas apariciones de políticos y sicarios que traficaban con el sensacionalismo, la crónica roja y las pugnas partidistas en perjuicio de la verdad y del derecho a la información del pueblo. Hábiles mercaderes que hacían de la profesión un contrabando cotidiano de mentiras y medias verdades que contaminaban la credibilidad de los periodistas y la credulidad del producto noticioso.
Afortunadamente, y gracias a los viejos maestros, hoy contamos en nuestra Primera Casa de Estudios una Facultad de Comunicación Social que ha preparado excelentes profesionales del Periodismo y de otras carreras de comunicación, que se han destacado tanto en los medios locales como internacionales. Igualmente, y siguiendo el ejemplo, otras tantas universidades nacionales privadas también preparan licenciados en periodismo.
Pero, siempre el eterno pero, ahora cuando la carrera de periodista alcanza nuevos niveles y especializaciones y los profesionales de información luchan porque, al igual que los médicos, abogados, ingenieros o arquitectos, una ley les garantice el respeto para el ejercicio de su profesión, aparecen sectores vinculados a la patronal y enemigos de toda forma de organización gremial y sindical, queriendo vincular el proyecto de ley con la libertad de expresión y esgrimiendo la anárquica consigna de que “la mejor ley de prensa es la que no está escrita”, cuando hasta el propio Dios prefirió escribir Los 10 Mandamientos.
La libertad de expresión como derecho humano fundamental está garantizada constitucionalmente, así como en un sinnúmero de acuerdos internacionales. Pero, curiosamente, y en última instancia, son los dueños de los medios y no los periodistas, quienes deciden a quienes les reconocen el derecho de expresarse. Lo que sí resulta paradójico es que ahora, a inicios del siglo XXI se apele al empirismo en busca de mano de obra barata u otros intereses, Esa sí es una mordaza.
Lo mismo hizo Sinán en su participación, -que la tuvo- en la vida política del país. Sinán no sólo propugnaba la renovación de las letras panameñas, la búsqueda de nuevas formas literarias. A Sinán le interesaban las nuevas fórmulas que hicieran la convivencia social más armoniosa, las relaciones económicas más justas, la vida de los panameños más feliz.
Al celebrarse esta semana el primer centenario del nacimiento de Rogelio Sinán, deseo compartir con la ciudadanía mi profunda adhesión a todos los actos conmemorativos. Las manifestaciones de homenaje a Rogelio Sinán son demostración de que la muerte ineluctable de éste, figura cumbre de las letras panameñas, no le arrebató el natural derecho al recuerdo imperecedero y a la fama en el ámbito de la posteridad. Sinán triunfo sobre el olvido, porque vive en la identidad nacional de Panamá. Su obra se fundió con la conciencia del pueblo y está integrada a la memoria eterna de la patria.

101 años de Panamá América

 
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