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Ley sobre acoso sexual


Todo parece indicar que este año, Panamá contará con una ley que tipifica las clases de acoso sexual y las penaliza de acuerdo con la gravedad de la infracción. La medida es plausible, en circunstancias en que son muchas las quejas provenientes de damas que han sido blanco de apetitos desenfrenados de sus jefes que, aprovechándose de su posición, someten a sus subalternas. Todo trabajador, del gobierno o de la empresa privada, ha sido testigo, confidente y en casos minoritarios, protagonista directo de los abusos de los jefes contra las damas que lo rodean. No obstante, al reglamentar la nueva disposición, debe contemplarse una investigación exhaustiva que permita al acusado o acusada, esgrimir sus descargos, porque de otra manera, éste podría ser objeto de calumnias e injusticias con efectos negativos en su persona y su entorno familiar. Si bien es cierto que muchas damas son víctimas de constante acoso, no es menos cierto que en una gran cantidad de casos, éstas se desviven por atraer la atención de su jefe. No lo hacen con ejecutorias profesionales, iniciativas innovadoras, ni guardando la disciplina propia de una dama. Buscan el camino más fácil, al punto de hacer por su jefe lo que no harían con sus padres, abuelos o sus hermanos. Le llevan café sin que se lo pida, arreglan la corbata ladeada y le susurran al oído “Oiga, ¿su mujer no lo atiende?”
Las hay más descaradas que, sin ningún recato, llegan por la espalda, posan sus senos en el hombro del jefe y le anuncian que van a almorzar y le preguntan: “¿Quiere que le traiga algo de comer?” Son capaces de gastar lo que el marido le ha dado para el transporte, con el fin de agradarle a quien dirige la oficina. Si sus deseos son complacidos, al día siguiente la trabajadora llega tarde, comenta al resto del personal su aventura con el jefe y hasta describe, con detalles, la marca de ropa interior del caballero y su destreza en el manejo de las féminas. Pero cuando esos calculados afanes son vistos con indiferencia por el jefe, la despechada compañera se torna iracunda y echa mano, sin pensarlo dos veces, a la ley contra el acoso e interpone la denuncia correspondiente; no sin antes alertar al marido para que la acompañe a las instancias jurídicas correspondientes y juntos, conforman un dúo implacable contra el acoso de las damas decentes y honorables. Que Dios nos encuentre confesados.
Por otro lado, Kennedy declaró que la Casa Blanca no había explicado con claridad por qué resultaba tan urgente ir a la guerra, y opinó que las armas sólo podían utilizarse como “último recurso”. Dijo que lo prioritario era que se reanudaran las inspecciones en Irak para verificar el desarme, y expresó reparos sobre la conveniencia de una operación militar que tendría un alto coste ‘en sangre y dinero’ y que, de ser lanzada en solitario por EU, obligaría a relajar la guerra antiterrorista contra Al Qaeda. El ex presidente Clinton, en África para reclamar más fondos para la lucha contra el SIDA, terció en el debate político estadounidense para señalar que una posible guerra contra Irak no implicaba necesariamente bajar la guardia frente a Al Qaeda. “Creo que podemos caminar y mascar chicle al mismo tiempo”, afirmó.
En el teatro de la creatividad naciona, la Universidad debe ser una actora de primer orden, debe suprimir las distancias que la separan del resto de la comunidad e instaurar una concertación activa. Para conmover con su mensaje, la Universidad debe mostrar que está comprometida con la vida de toda la comunidad. El fervor militante por la educación superior debe ser compartido por toda la comunidad, pero para eso la Universidad debe mostrar una permanente preocupación - casi una religión - por todo lo que interesa y le importa al país integral, con todas sus dificultades, con todas sus potencialidades, con todas sus esperanzas.

101 años de Panamá América

 
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