Ley y equidad
Siempre hemos considerado que la estricta observancia de la ley puede, en algunos casos, constituir injusticia.
Aunque la Ley es la palabra suprema para regir una sociedad, no podemos desconocer el respeto que merece la equidad. Esta se remonta hasta Aristóteles (364-322 a. de J.C.), cuya profunda sabiduría no puede ser sobrepasada por hombre alguno que haya tenido la humanidad. Entre los muchos ejemplos que pueden ofrecerse sobre equidad hay uno ofrecido por el cardenal inglés John Fisher en los tiempos de Enrique VIII.
El religioso planteó en un sermón el supuesto de que en cierta ciudad se adoptó una ley por la cual se disponía que cualquier persona que entrase en ella después de un toque de queda, sería condenada a muerte.
A pesar de dicha prohibición, un ciudadano que se hallaba fuera de ella se enteró de que sería atacada sorpresivamente en horas de la madrugada.
Afanosamente trepó a media noche sobre el muro para informar sobre el macabro plan de ataque de que sería objeto.
En estricto derecho, debían condenarlo a pena de muerte, pero en equidad la conciencia conducía a reconocer que tal ley no se había concebido para serle aplicada a tal hombre, y por lo tanto, se imponía no aplicársela.